Cold Chisel – East (1980)

cold chisel - east

Desde siempre he experimentado una especial fascinación por Australia. Un continente plagado de fauna exótica, paisajes espectaculares y una escena musical prolífica; sin duda una cultura siempre a la vanguardia en todo sentido, de la moda al arte y de la actuación a la literatura. Un paraje moderno y civilizado en el otro extremo del mundo.

Tengo muchas ganas de ir. Conozco ese país por programas de televisión en los cuales, mostraban historias terroríficas como la del surfista atacado por un tiburón o la de la pareja cuyo bebé les fuera arrebatado por un perro salvaje. En otra ocasión supe de serpientes venenosas cuya picadura puede matarte en quince minutos y la mala suerte adereza invariablemente tal evento ya que te agarra  cuando estás de visita en un pueblito a una hora de distancia del hospital más cercano.

En una ocasión -yo tendría unos ocho años- le dije a mi madre que me encantaría conocer Australia, pero me daba miedo ser llevado por el dingo. Ella me volteó a ver para decirme que estaba ya muy grande para eso y si me llegara a encontrar con dicha bestia frente a frente seguramente me devoraría en el acto. Su respuesta me desanimó, pero quién si no los padres para señalarnos esas verdades cargadas de una crueldad inefable. Ahora bien, si llego a ir me abstendré de parar en comunidades apartadas o llanuras dejadas de la mano de Dios en donde pueda estar yo a merced de hambrientos depredadores.

En la secundaria – no me pregunten por qué- trajeron un contingente de estudiantes australianos para llevar a cabo un intercambio o algo parecido. Sus integrantes eran niños de ambos sexos vestidos con atuendos color caqui, sombreros tipo safari y en la mano banderitas de su país. De pronto mis compañeros empezaron a atosigarlos con preguntas y tratar de quitarles sus sombreros ladrándoles en el inglés del hombre primitivo, lo que provocó en ellos un miedo evidente.  A mí me dio pena ajena, pues mis colegas asaltaron a los visitantes como si nunca hubieran visto a un extranjero. La postal parecía más de un reformatorio juvenil del tercer mundo que de una escuela de nivel medio superior.

Ahora bien, dejaré por un momento mis impresiones y experiencias al respecto para hablar de música, un tema más agradable y a todas luces menos peligroso.

Cold Chisel es una banda formada en Adelaida a principios de los años setenta, su estilo era el propio del pub rock que imperaba evolucionando con el tiempo hacia una mezcla orientada al pop rock muy al estilo de los grandes exponentes del género en Occidente. Es uno de los conjuntos más exitosos en la historia australiana al colocar en las listas de popularidad algunos de sus álbumes e incluso llegar a alcanzar discos de oro y platino por sus elevadas ventas. Su estilo se nutriría a partir del blues y el rock and roll clásico -tipo años cincuenta- dentro de una estructura pop, sin entender este término como algo propio de mercadólogos y asesores de imagen.

Las letras sumamente localistas contribuyen directamente a su falta de éxito comercial en otros países. Se habla del diario vivir de la gente, sus problemas sociales y la exaltación de la vida de la clase trabajadora. En ocasiones escandalizaron por su contenido a una sociedad en extremo conservadora mientras en la misma proporción aumentaba una  base creciente de leales admiradores.

East es el tercer álbum de la banda y probablemente su trabajo más conocido por tratarse de una selección de temas impecable. No hay momento en que uno quiera saltarse una parte o cambiar el disco, una producción equilibrada representa la cereza en el pastel. Pegajoso e inolvidable he llegado a tararear pedacitos por temporadas. En eso reside su magia, no por nada esta es una de las grabaciones más famosas en la historia de ese continente.

Esto es tan bueno al grado de intrigarme por qué no es este trabajo un éxito rotundo a nivel internacional. Lamentablemente en nuestro caso muchas de las cosas que nos llegan pasan antes por el vecino dificultando la llegada de lo que muchas veces vale la pena, pues nuestros gustos difieren de los de ellos. Hay cosas que tienen éxito allá mientras aquí pasan desapercibidas y viceversa.

Queridos amigos, los invito a probar un trabajo de 1980 -que quizá muchos de ustedes no conocen- y que está a la altura de los grandes clásicos de la época. Resulta refrescante descubrir joyas perdidas pertenecientes a la década de la infancia cuando uno gustaba de cantar sin saber de qué iba el tema. Date la oportunidad de escucharlos, déjame conocer tu opinión, canta despreocupado y alegre como en los maravillosos años ochenta, háblame una etapa llena de inocencia, curiosidad y descubrimiento, pero sobretodo disfruta.

Recomendable al 89%.

P.D. Por momentos me recuerdan a The Police.