Edgar Froese (1944 – 2015)

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Pareciera que la muerte es una condición necesaria para que yo conozca a los grandes músicos de nuestra era. Me entero de su existencia porque nos dejan, me entero porque sus vidas resultan extremadamente escandalosas o porque su legado es quizá demasiado importante para ser ignorado.

Es el caso de Edgar Froese, quien era un músico de origen alemán, pionero de la electrónica, miembro activo del movimiento krautrock, devoto de la experimentación, líder y fundador de la mítica agrupación Tangerine Dream. Puedo decir que sí conocía su obra de manera superficial, pues tuve contacto con algunos álbumes de dicho conjunto, pero debo confesar que nunca profundicé en la trayectoria individual de sus integrantes, no pudiendo considerarme en lo absoluto como un experto o un aficionado a su obra.

Froese nace en la ciudad de Tilsit, Prusia Oriental, que en aquél 1944 estaba ocupada por los alemanes y que en 1945 fuera invadida por el ejército rojo, actualmente lleva el nombre de Sovestsk y pertenece a Rusia. Una bonita clase de historia sin lugar a dudas.

Desde temprana edad muestra aptitudes para las artes plásticas y estudia en la Academia de las Artes de Berlín Occidental. A finales de los años sesenta conoce a Salvador Dalí, quien lo invita a su estudio y durante las tertulias le sugiere que lleve su música por caminos más arriesgados, lo que explica en parte el carácter onírico de sus composiciones, los pasajes surrealistas y su firme vocación de crear vanguardia.

Él fue siempre una constante dentro de su conjunto, siendo el único integrante que aparece en todas y cada una de las grabaciones, lo que no impidió que explorara simultáneamente su carrera en solitario. Un alma libre, un compositor genial, prolífico creador y responsable de la evolución del sonido electrónico hasta llegar a nuestros días.

No voy a entrar en discusiones relativas a por qué se van los genios, mientras los mediocres siguen transitando por esta tierra. No voy a sugerir que mejor se hubiera ido tal cantante de moda a cambio de prolongar un poco más la vida de uno de los que yo considero imprescindibles. Lo pienso, sí, pero prefiero no decirlo.

No debo renegar de ese destino común que compartimos con otros elementos del universo. Uno debe celebrar la vida y honrar a los muertos. Estamos hechos de la misma materia que las flores y las estrellas. Estamos formados por ese polvo cósmico cargado en igual proporción de lo mundano y lo divino, de lo atemporal y lo infinito. Es solo cuestión de tiempo para que abandonemos ese vehículo corpóreo al que estamos aferrados por nuestra propia naturaleza y regresemos a la inmensidad de la que provenimos.

Descanse en paz.

Missus Beastly – SWF Session 1974 (2012)

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Otro de los grandes exponentes del krautrock a principios de los años setenta, era Missus Beastly. Un conjunto formado en el distrito de Herford, Alemania en el año 1968 -siendo sincero, ni siquiera había escuchado nombrar ese lugar antes de ahora y tuve que investigar porque me parecía más probable que estuviera localizado en Mississippi que en Europa-.

En sus inicios, su estilo era similar al de los conjuntos de rock psicodélico propios de la época, pero con el paso del tiempo fueron evolucionando más hacia el free jazz, siempre a través de larguísimas improvisaciones que recuerdan a los conjuntos de la Costa Oeste de los Estados Unidos, típicos de la década anterior.

Originalmente, llevaban por nombre Psychotic Reaction, pero adoptaron el nombre de Missus Beastly, al inspirarse en un personaje de un programa infantil de televisión -haciendo mis pesquisas no pude encontrar por ninguna parte una sola imagen de dicha fuente de inspiración, con toda probabilidad por tratarse de algo que rebasa los cuarenta años y ser información que ha llegado de oídas hasta el día de hoy-.

La historia de la agrupación resulta por momentos confusa. Después de haber grabado su álbum debut en 1970, un sujeto de nombre Henry Fromm, comenzó a ostentarse como manager e integrante de la banda. Este impostor, relanzó dicho debut con otra portada y un orden distinto en el título de las canciones, llegando incluso al extremo de grabar dos o tres discos bajo el nombre de Missus Beastly con músicos que nada tenían que ver con la alineación original. Llegado el año 1973, este conjunto espurio se desintegra -me gusta pensar que antes de adoptar este papel nuestro infame usurpador trató de hacerse pasar por el quinto Beatle, provocando que sus interlocutores se rieran a mandíbula batiente-.

A partir del año siguiente, los integrantes originales regresan al estudio de grabación con un estilo distinto, más cercano al jazz rock y a una innovadora fusión de géneros, por lo que los días de la psicodelia juvenil de los primeros años quedaron atrás en definitiva. Para este regreso, se une a las filas de nuestro conjunto Dieter Miekautsch, tecladista e ex integrante de la mítica Missing Link, por lo que el sonido progresivo de ésta se vuelve notorio en la ejecución, mezclándose a la perfección con el estilo fusión que su grupo adoptante ya venía manejando.

Nuestro álbum comentado proviene de dos sesiones distintas grabadas para la estación de radio SWF (Südwestrundfunk) en Baden-Baden, los días 25 de enero y 18 de febrero de 1974. Su contenido consta de improvisaciones en el estudio que capturan al conjunto en su época dorada haciendo lo que ellos sabían hacer mejor, música moderna cuya hechura es precisa y su ejecución impecable.

Estas grabaciones fueron hechas alrededor del tiempo en que el álbum Missus Beastly del 74 (este álbum se titula de la misma manera que el debut del 70, lo que contribuye a la de por si confusa historia del grupo), razón por la cual el contenido es similar. Podríamos decir incluso que se trata de una versión alternativa del mismo, variando el orden de los cortes, su duración, los arreglos e intercalando una canción que en su momento fuera publicada en un disco de Missing Link. Algunos podrán decir que es lo mismo, pero les aseguro que no lo es.

En resumidas cuentas, se trata de un trabajo meramente instrumental que combina con elegancia jazz, rock progresivo y funk en perfecta simbiosis. Ritmos y voces ocasionales que se corresponden más con las tradiciones afroamericanas que con las europeas. Esta descripción puede corresponder a un plato que a más de uno le parecerá indigesto, pero esta receta encierra una recompensa para el paladar del escucha paciente y disciplinado.

Para mí las sesiones de radio tienen un sabor muy especial, pues retratan al artista y su música sin los adornos propios de un trabajo de producción concienzudo y deliberadamente pulido. Se trata de grabaciones espontáneas similares a la fotografía grupal en la que unos sacan la lengua, mientras otros le ponen cuernos al compañero que agarran desprevenido. Es la vida misma al momento de vivirse, sin pausas y de corrido, disfrutándola sin pensar en el resultado final. Aquí se distinguen claramente los buenos de los malos ejecutantes. Me resulta similar a observar al leopardo corriendo libremente por su hábitat natural.

Esencial no, interesante y valioso, sin duda. Espectacular. Si lo escuchas en repetidas ocasiones te revelará sin darte cuenta detalles que hasta ese momento habían permanecido ocultos. Apreciación y gusto que crecen de manera casi imperceptible en cada puesta. Dale una oportunidad y verás de lo que te estoy hablando.

Recomendable al 85%.

P.D. Para el auténtico coleccionista me atrevería a decir que se trata de un bocado de cardenal.

Can – The Lost Tapes (2012)

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Otra de las grandes agrupaciones salidas de la escena krautrock setentera fue Can. Un conjunto liderado por Irmin Schimdt, músico clásico, alumno de Karlheinz Stockhausen, y que antes de formar la banda, era concertista e intérprete de la obra de Chopin, Brahms y Beethoven.

Los orígenes de este grupo, pueden rastrearse al año 1966, cuando Schmidt viaja a la ciudad de Nueva York para reunirse con las grandes figuras de la escena avant-garde de la época, Steve Reich, La Monte Young, entre otros. Durante su estancia en dicha ciudad, entra en contacto con Andy Warhol y  los Velvet Underground, lo que corrompería su formación musical y le provocaría una fascinación tanto por el rock como por sus infinitas posibilidades.

Al regresar a Colonia, Alemania Occidental, forma el conjunto al lado del flautista  David C. Johnson y del maestro de música Holger Czukay, quien fuera también pupilo de Stockhausen. Posteriormente, se integraron a la alineación Michael Karoli, alumno de Czukay y Jaki Liebezeit, descontento músico de free jazz.

A lo largo de su carrera tuvieron dos vocalistas, el primero, fue Malcolm Mooney, escultor, poeta y cantante estadounidense, con un estilo inspirado en James Brown e influenciado por el garage rock, el funk y la psicodelia de la época. Su estilo rayaba por momentos en los soliloquios de un esquizofrénico. Eventualmente, Mooney tuvo que dejar la banda por recomendación médica, pues la música de Can afectaba su salud mental. El segundo, fue Damo Suzuki, un músico callejero de origen japonés que fue invitado por Schmidt a participar en el proyecto; el estilo de éste último, se distinguía por la improvisación y el uso de un idioma indeterminado, lo que el mismo denominaba “voz de la edad de piedra”.

Can, a diferencia de las demás bandas de krautrock, era sumamente experimental, combinando elementos tanto de la música étnica, como de la electrónica. Utilizaban métodos de grabación vanguardistas, instrumentos musicales no tradicionales y muchas veces, improvisación, generando la idea de que llegaban al estudio sin saber bien a bien, cuál sería el resultado. Combinaban psicodelia, jazz y efectos especiales, con la influencia del rock progresivo que predominaba en Europa en aquellos tiempos.

The Lost Tapes es una colección de grabaciones, más que un álbum. En años recientes, el estudio utilizado por Can fue vendido a un museo, y al momento de desmontarlo, se encontraron unos viejos carretes entre los escombros, los cuales contenían treinta horas de grabación, del periodo comprendido entre los años 1968 y 1977, y gracias a tan afortunado descubrimiento y a la edición hecha por los integrantes para reducirlas a solo tres horas, tenemos la oportunidad de echar un vistazo a las entrañas del conjunto trabajando. Se trata tanto de los cortes que por una u otra razón, no fueron utilizados en los álbumes de dicho periodo, como de algunas presentaciones en directo.

Éste compilado contiene música experimental hecha por ejecutantes con una formación clásica y un toque de locura. Más de uno de los cortes excede los diez minutos de duración; en algunos se incorporan estructuras propias del jazz, mientras otros se reducen a sonidos electrónicos francamente caóticos. Las voces suenan por momentos enloquecidas, siempre habladas en diversos idiomas y reducidas a susurros abruptamente. Hay un pasaje particularmente extraño que captó mi atención, en el que se escucha un sonido similar al de los vendedores de globos que había en los parques públicos de mi niñez, acompañado de un ruido como de platos que se rompen, una y otra vez.

Algunos pensarán: “¡Qué horror!, ¿a quién podría gustarle algo así?”, a lo que yo les respondería diciéndoles que se trata de experimentos en un estudio de grabación y que es un documento de carácter histórico que nos muestra a un conjunto musical pionero en muchas áreas buscando un sonido propio, probando nuevas técnicas en el estudio y sobre todo, divirtiéndose a lo grande. Tiene momentos realmente valiosos e interesantes.

No es para cualquiera. Para el fanático es una muy agradable sorpresa. Si se trata de un escucha ocasional, le sugeriría que se aproxime a la banda a través de uno de sus álbumes clásicos, eso si con precaución y mucha paciencia. Eso si les digo, no esperen escuchar esto en la radio comercial el jueves de la semana que entra.

Recomendable al… es francamente incalificable.

Gomorrha – I Turned To See Whose Voice It Was (1972)

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A finales de los años sesenta, surge en Alemania Occidental, una corriente musical que los especialistas denominaron como krautrock. El término proviene de la palabra alemana “kraut”, que en español quiere decir repollo; nombre despectivo que en aquel tiempo se utilizaba para referirse a los alemanes, comúnmente utilizado entre los británicos y los estadounidenses. Estamos hablando de la Alemania de la postguerra, y resulta natural que en una nación dividida, la juventud buscara una identidad propia alejada de los estándares impuestos por la cultura de los vencedores.

El krautrock es considerado como una rama del rock progresivo y se caracterizó por la búsqueda de nueva instrumentación, métodos de grabación vanguardistas, tendencia a la improvisación e intensa experimentación. Esta corriente es el punto de partida de la música electrónica.

Ahora bien, Gomorrha es una banda formada en Colonia en 1969 e impulsada por el productor e ingeniero de sonido Connie Plank. En un principio, interpretaban covers de bandas occidentales en alemán, posteriormente evolucionaron hacia un tipo de hard rock convencional hasta adoptar un estilo más progresivo, con un sonido más rico y unos fantásticos arreglos.

I Turned To See Whose Voice It Was, es el tercer y último larga duración de la banda.  El contenido de este disco, es una combinación de sonido psicodélico con hard rock, guitarras distorsionadas, batería ejecutada sin macula y ocasionales instrumentos de viento. Describirlo puede resultar un reto, ya que por momentos suena a jazz, psicodelia pesada, blues e incluso funk, estridente a ratos y reducido a un exquisito susurro cuando apenas nos estábamos acostumbrando. Indudablemente, se trata de un viaje lleno de sorpresas.

El título hace referencia al pasaje bíblico en el que Yavhé le indica a Lot que debe huir de Sodoma porque la población va a ser destruida como castigo a sus excesos y conducta reprobable. La única condición era que Lot, su esposa y sus hijas, debían correr tan rápido como les fuera posible sin volver la vista atrás. Mientras Lot y sus hijas, obedecían las condiciones que les habían sido impuestas, Edith, la esposa de Lot, se detenía y volteaba a ver lo que estaba ocurriendo en el pueblo. Por desobediente, Edith quedó convertida en una estatua de sal.

La banda no es muy conocida, incluso en su tiempo y en su propia tierra era relativamente desconocida. Se dice que los integrantes dejaron de tocar para reintegrarse a empleos convencionales, y que ninguno ha vuelto a grabar nada. Este álbum durante mucho tiempo fue una pieza muy buscada por los coleccionistas, debido por una parte, al tiraje tan reducido de ejemplares impresos, y por otra, a la poca difusión que tuvo en su momento. Esta es auténtica música underground en el sentido más estricto de la palabra.

gomorrha

Un clásico obscuro, una joya perdida, un garbanzo de a libra si se tiene la fortuna de encontrarse frente a una edición original en vinyl. Una pieza descatalogada. Recomendable para los amantes del rock progresivo y por qué no, para los amantes de la música en general. Una obra que cada vez que se escucha, nos va revelando detalles que en vueltas anteriores habían permanecido ocultos. Melodías ligadas al elemento sorpresa, al cambio de ritmo, llenas de frescura y originalidad.

Recomendable al 92%.