The Creatures – Boomerang (1989)

creatures - boomerang

Después de un largo día tengo la costumbre de quitarme los zapatos, echarme en el sofá de la sala y poner el ipod a tocar en orden aleatorio. No todo es romanticismo, no siempre estoy con ánimos de poner un disco en la tornamesa, darle la vuelta al terminar el lado A, poner el lado B, terminar, guardarlo en su funda y seleccionar lo que sigue; es entonces cuando la comodidad del mp3 se vuelve indiscutible.

De entre las 6772 canciones que tiene mi ipod -mis 6772 preferidas, por cierto- la selección automática puso un corte de The Creatures, proveniente de un álbum que tiene mucho significado para mí. Generalmente reseño descubrimientos recientes, maravillosos sin duda, pero muchas veces carentes de un vínculo emocional profundo conmigo mismo. Anoche tuve una súbita revelación: escribir sobre uno de los discos que han marcado mi vida y ver qué tan objetivo puedo ser al hacerlo.

En 1989 yo tenía catorce años de edad. El disco compacto estaba cobrando fuerza y las ediciones importadas eran algo prohibitivo. Mi madre me dijo cuando me compró mi primer cd que lo disfrutara mucho porque eran muy caros y no volvería a comprarme otro. Esa fue una promesa que por fortuna no pudo cumplir, pero esa es otra historia. Ahora bien, este disco llegó a mis manos porque mi abuelita me lo regaló -contraviniendo las instrucciones maternas- sin saber que éste me acompañaría hasta el día de hoy veintitantos años después.

Lo recuerdo bien, lo compramos en una tienda de la extinta cadena Zorba, específicamente en la sucursal de la Zona Rosa. Estaba en exhibición en una vitrina y le pedí que me lo mostraran. En ese tiempo los dependientes me miraban con cierto desdén, pues era un niño preguntón acompañado de una mujer mayor. Me fascinaban los escaparates de las tiendas de discos y hasta la fecha me siguen gustando. Siento que los discos me hablan a través de sus portadas -llévame a mí, no, a mí- y en este dialogo imaginario yo les respondo que lo siento mucho, pero no puedo llevármelos a todos. Quien lea estas líneas puede pensar no solo que estoy completamente loco sino que además soy un consumista irredento; puede que lo sea, no voy a discutir este punto.

En ese año el tema “Pluto Drive” sonaba incansable en la también extinta estación de radio Rock 101. En más de una ocasión me despertó esta canción, ya que en ese entonces yo tenía un reloj despertador que podías programar para que te despertara con la radio en lugar de un pitido nefasto. Además tenía la costumbre de poner la música a todo volumen en lo que me arreglaba, lo que en su momento fue una inagotable fuente de roces con mi madre. Adolescencia es una enfermedad que se quita con el tiempo, aunque algunos de nosotros nos estacionamos indefinidamente en esa etapa.

Anoche sonó “Pity”, otro de los cortes del álbum, provocándome una sensación agridulce, de profunda nostalgia y me puso a pensar en muchas cosas. Pensé en mi vida, pensé en mi abuela, pensé en mis amigos y en todo ese tiempo que jamás regresará. Me encanta, de eso se trata estar vivo, recordar el pasado y generar nuevos recuerdos. Estar agradecido al abrir los ojos un día más.

Muchos de ustedes se preguntarán: ¿y a qué hora empieza la reseña?, ahí voy, ahí voy. The Creatures es una banda británica, proyecto de Siouxsie y Budgie, ambos integrantes de la mítica Siouxsie and the Banshees. Una agrupación que deja de lado el punk de años anteriores para decantarse por un sonido más elaborado, experimental hasta cierto punto, en donde predominan el uso de instrumentos inusuales y una producción impecable.

Boomerang es el segundo álbum resultado de este proyecto y con toda probabilidad su trabajo mejor logrado no solo en términos de experimentación sino de composición. Una joya del post punk con elementos de la electrónica sin llegar a exagerar. Destaca el uso de percusiones exóticas, marimba, acordeón, armónica, instrumentos de viento en general y la voz de Siouxsie. Dentro de los dieciséis temas que conforman el disco, podemos encontrarnos con música de cabaret, pasajes con sabor latino, cadencias orientales y letras crípticas. Una obra de arte posmoderna, actual, vigente y atemporal; un buen punto de partida para todo aquel que quiera probar algo fresco e imperecedero.

Los invito a darle una oportunidad a un clásico cuyo destino solo puede ser sobrevivir el paso de los años. Si lo conoces, seguro coincides conmigo, si no lo conoces, no sabes de lo que te has perdido. Un trabajo tan inspirado no debe ser ignorado. Nunca es tarde, dale una oportunidad y te aseguro que no te arrepentirás.

Recomendable al 90%.

P.D. Si le pongo menos de nueve creo que no le hago justicia, si le pongo 10 pareceré un fanático exacerbado. Lo que si puedo decirte es que suena mucho mejor que la descripción hecha en esta reseña.

White Hills – Walks For Motorists (2015)

whitehillswalks

Ayer no pude comer en casa, decidí entonces comerme una hamburguesa en un puesto callejero. El cartel anunciaba distintas especialidades; sencilla, doble, con queso o tocino y hawaiana, además de papas fritas, aros de cebolla e incluso hotdogs. “¿Qué tan grandes son las hamburguesas?”, pregunté al encargado. “Tenemos siete tamaños y van desde treinta hasta mil setecientos cincuenta pesos”, respondió con autosuficiencia. No me molestó el tono en que se dirigió a mí al causarme mucha gracia el sarcasmo. “Un comerciante informal con aires de superioridad. Este es el lugar”, pensé.

En lo que el sujeto preparaba mis sagrados alimentos observé con detenimiento su local. Estaba limpio y ordenado, lo cual me pareció algo deseable para un lugar en donde manipulan comida. Entre latas de piña en almíbar había un gastado ejemplar de “Corazón: Diario de un niño”, de Edmundo de Amicis; una novelita cursi que me leía mi madre en voz alta antes de dormir. “Este comerciante además de pedante es un intelectual”, admití sorprendido. Con mayor razón disfruté de la dichosa hamburguesa porque mi interlocutor y yo teníamos algo en común. Ambos éramos lectores.

Llegué a casa decidido a olvidar este extraño incidente urbano. Me quité los zapatos y puse uno de mis más recientes descubrimientos: White Hills. Una banda neoyorkina cuyo estilo podría considerarse parte del movimiento neo psicodélico actual; futurista, progresivo, experimental entre rock y electrónica. Un exquisito coctel posmoderno. WH retoma aspectos interesantes del space rock al estilo de Hawkwind, post punk al estilo de Bauhaus, metal en toda la extensión del término e incluso elementos de los movimientos post rock y drone. Todo esto quizá no les diga nada, pero podríamos hacernos una idea de su trabajo si imaginamos a MC5 en anfetaminas, es decir, garage rock a un ritmo frenético.

Walks For Motorists es la más reciente producción de este dúo creativo, en la cual se conjugan cadencias hipnóticas, riffs de guitarra, distorsiones, reverberaciones y una voz que pareciera provenir de ultratumba. Nueve canciones plagadas de líneas de bajo e intenso sonido de sintetizadores en las que se retoman las improvisaciones de sus ancestros psicodélicos para ser mezcladas con música industrial. Percusiones programadas acompañan esta amalgama de elementos que a pesar de la descripción, y lo extraña que resulta, funciona muy bien.

Una vez más me sorprendo escribiendo acerca de un disco editado este año lo cual me llena de beneplácito. Habiendo tantas nuevas propuestas, algunas carentes de magia, disfruto encontrarme con algo fresco, enérgico y digno de comentarse. De esto se trata la vida, momentos inolvidables separados por otros que no lo son tanto. El quid del asunto es tratar en la medida de lo posible de encadenar esos eslabones mágicos. Este 2015 está resultando maravilloso no solo por sus proyectos musicales sino por lo el solo hecho de estar vivo.

Dale una oportunidad a esta placa y quedarás encantado, eso sí, no está pensada para débiles de corazón. Siente la sangre recorriendo los rincones del cuerpo a una velocidad alucinante. Punk para el siglo XXI. Solo resta atestiguar si está hecha para resistir los embates del tiempo o si se trata de una moda pasajera.

Recomendable al 88%.

Sanguine Hum – Now We Have Light (2015)

sanguine hum

Cuando era niño veía la adultez a millones de kilómetros de distancia. Las estrellas de cine -aún las juveniles- eran más grandes que yo y pensar en tener dieciocho años era algo inimaginable; ya no digamos llegar a los cuarenta. Al pasar los años esa tendencia comienza a revertirse. Envejecemos, notamos la juventud en las demás personas y preferimos ignorar nuestra edad biológica. Este es un rasgo humano, terriblemente humano diría yo, al punto de pasarnos a todos. Bueno, a casi todos.

El otro día saludé a una compañera de la escuela y cuando le pregunté cómo estaba me contestó “bien, ¿y usted?”, entonces me atraganté con mi saliva. Después de recuperar la compostura respondí como lo haría cualquier representante de mi generación “háblame de tu, por favor”. Me hacía gracia escuchar esa fórmula, pues yo la consideraba propia de los mayores cuando se sentían excluidos por nosotros los jóvenes. Ahora no me hace reír, tampoco me duele escucharla al salir de mi boca, simplemente me lleva a reflexionar sobre el paso del tiempo y nuestra -querámoslo o no- finitud en esta tierra. ¿Me estaré convirtiendo en lo que en el argot local se conoce como un chavo ruco?

Pero hablemos de mi más reciente descubrimiento: Sanguine Hum. Una banda británica de rock progresivo con un estilo similar al de la escuela de Canterbury setentera. El conjunto se forma a partir de la unión de integrantes de Antique Seeking Nuns, Nunbient y de la Joff Winks Band, por lo cual se combinan atmósferas propias de la electrónica, improvisaciones complejas y letras ingeniosas. Un híbrido interesante resultado de muchos años de experimentación aderezado con una producción impecable -elegante y equilibrada- en lo que sin duda podría considerarse un plato suculento.

El sonido se forma a partir de secuenciadores, pianos eléctricos, programación, reverberaciones, distorsiones, guitarra con su esporádico solo, batería en ocasiones orgánica y la voz de Joff Winks. Pasamos sin previo aviso de un suave murmullo a una elaborada orquestación en una especie de montaña rusa cuya velocidad no deja de sorprendernos.

Now We Have Light es la tercera placa de la banda, culminación de un proyecto gestado hace poco más de trece años y cuyo resultado es un álbum conceptual con una temática extraña. Este trabajo versa sobre el descubrimiento de una fuente de energía renovable -robo y posterior conspiración- a partir de dos verdades fundamentales; la primera, consistente en el hecho de que todos los gatos aterrizan sobre sus patas, y la segunda, que cada vez que se unta mantequilla en un pan tostado al caer siempre lo hace sobre el lado untado. ¿Qué pasaría si untamos mantequilla en el lomo del gato y éste cae?  La historia es absurda, pero no será la primera ni la última obra conceptual desarrollada a partir de una idea descabellada.

Se trata de un disco doble cuya duración rebasa los ochenta minutos, lo cual podría considerarse una apuesta arriesgada pues durante ese tiempo se corre el riesgo de perder el rumbo, aburrir al público y perderlo definitivamente. Les aseguro que no es así. El contenido tiene todo para mantenerte enganchado, asegurar futuras vueltas en el reproductor y una o dos conversaciones al respecto en una fiesta. La única crítica que puedo formular es que a mi gusto el trabajo de Sanguine Hum se parece mucho a lo que hace Steven Wilson en sus proyectos, especialmente a Porcupine Tree.

Sin duda estamos frente a los herederos legítimos del rock progresivo británico. Ahora solo falta ver si resisten la prueba del tiempo, pero puedo aventurarme a decirles que posiblemente éste sea uno de los nuevos clásicos. Si la antorcha de los grandes es dada a los jóvenes y éstos son capaces de mantener viva la llama del buen gusto entonces estamos en buenas manos. A este momento el 2015 va bien en cuanto a nuevos lanzamientos. No todo está perdido, ¿no lo creen?

Recomendable al 89%.

The Cinematic Orchestra – Live At The Royal Albert Hall (2008)

cinematic orchestra live

El día de hoy aprendí una tontería nueva, bueno quizá todos los días aprenda una o dos, pero la de hoy es memorable. Al ver la televisión me enteré de la existencia del twerking. Para todos aquellos que no están familiarizados con este tema se trata de una disciplina femenil consistente en mover las caderas de forma provocativa mientras se está en cuclillas. Es a todas luces un ejercicio intenso que requiere de buena condición física, mucho ritmo y un cuerpo atlético; o no tanto ya que al parecer este requisito no es indispensable.

Desde las culturas antiguas la danza ha sido considerada como una de las bellas artes, pero creo que ni los griegos con toda su sabiduría pudieron vislumbrar algo parecido a este baile. No me escandalizo -no señor-, pues a todos aquéllos que me conocen les consta que no estoy peleado con la noción de un grupo de señoritas meneando el trasero, lo que pasa es que considero esta manifestación artística una señal palpable de decadencia dentro de la cultura popular actual.

Al parecer todos sabían de su existencia menos yo, pues después de hacer mis pesquisas me enteré de que no es algo nuevo, lo cual me lleva a pensar que soy un ermitaño, pues a pesar de creerme conocedor de movimientos vanguardistas en el fondo cuando prendo la tele me sorprenden las cosas que pasan en ella.

Pero cambiemos de tema, en esta ocasión quiero hablar acerca de The Cinematic Orchestra, un conjunto británico cuyo estilo predominantemente electrónico juguetea con el jazz; dentro de su música destaca la improvisación con elementos modernos tales como el sampleo, la presencia de un DJ en el escenario y en sus grabaciones una ecléctica combinación de instrumentos que hacen difícil su clasificación dentro de un solo género musical.

Después de tres exitosos álbumes en estudio y tras una intensa gira, el conjunto buscaba la oportunidad de añadir un conjunto de músicos convencionales al set que venían interpretando. El día llegó el 2 de noviembre de 2007 cuando surge la oportunidad de presentarse en el Royal Albert Hall acompañados por una orquesta de 24 integrantes. Esa misma noche el foro estuvo a tope y el espectáculo -como se desprende de la presente placa- fue digno de la audiencia más exigente.

En escena figuraron las voces de Heidi Vogel, Lou Rhodes y Grey Reverend, en lo que fue sin duda una velada mágica para todos los asistentes. Durante el concierto se interpretó material de los álbumes Every Day (2002) y Ma Fleur (2007), siendo The Man With A Movie Camera el momento inolvidable de la noche. Esta última pieza fue compuesta para un documental mudo del mismo título dirigido por el ucraniano Dziga Vertov en 1929.

Generalmente no escribo acerca de discos en vivo, pero después de darle dos o tres vueltas a éste no pude resistirme. Se trata de un trabajo impecable, equilibrado y elegante. La voz de Heidi suena a jazz, quizá también a blues y en mi opinión es ella quien se lleva las palmas. La orquesta participa suave e intensa dependiendo del momento, desde unas discretas cuerdas hasta una obvia combinación de elementos orquestales a todo vapor. Es un trabajo redondo y bien logrado, recomendable para todos aquéllos que aman la mezcla de géneros en principio irreconciliables.

Este trabajo suena mucho a jazz, electrónica y a la más exquisita mezcla de talentos imaginable. El teclado y las voces son únicos. Su contenido es tan bueno que aun tratándose de una presentación en vivo yo podría sugerirlo como la introducción ideal a la discografía de la banda. No hay desperdicio, dale una oportunidad y dime si concuerdas conmigo.

Algunos se preguntarán acerca de lo extraño del tema introductorio, pero la idea era contrastar dos muestras de creatividad humana diametralmente opuestas. Al final, todo es parte de lo mismo y este disco bien podría ser considerado como una especie de twerking para el espíritu. ¿Sientes cómo se menea el alma?

Recomendable al 92%.

Darren Hanlon – Where Did You Come From? (2015)

darren hanlon - where

Ayer fue una de esas tardes lluviosas en las que uno pasa largos ratos en el coche. Frío el clima y complicado el tránsito por la ciudad; a lo lejos negros nubarrones completaban una escena que se antojaba desolada, monótona y aburrida. De alguna forma provoca en mí la sensación de que se acerca el final de nuestros días, la necesidad de buscar refugio -más allá de los portales- en la bondad y el amor de los que nos rodean.

Yo siempre he preferido el calor y los días soleados. Cuando el aire anuncia tormenta preferiría quedarme encerrado en mi departamento, disfrutar de una selección musical elegida cuidadosamente o de plano no salir de la cama; es entonces cuando una reconfortante bebida caliente lejos de los bocinazos de los automovilistas se vuelve algo obligado.

Camino de la escuela puse este excelente disco y de entre las nubes brilló un rayito de sol, el ambiente comenzó a despejarse y a lo lejos aparecieron las montañas. Todo en una combinación de música, fenómeno meteorológico y buena voluntad, llevándome a pensar que hasta en los días más obscuros hay algo de belleza oculta. Confieso haber estado a punto de dar vuelta en U para huir de mis responsabilidades, pues en otro tiempo el considerar que las condiciones naturales no eran las óptimas me daba el pretexto perfecto, pero hoy se que eso no es vida.

Todo empezó a fluir al ritmo de una guitarra acústica y una voz con sentimiento mezclados en la combinación más básica posible. Sencillo, contundente, incluso poético con el encanto que tiene lo desconocido aunado al factor sorpresa implícito. Esa sensación generada por quitar el celofán y poner el disco en el reproductor para dejarse ir es algo que no cambiaría por nada. Una experiencia que gusta de la repetición, además tengo el ritual de adquirir un disco nuevo cada miércoles para el camino.

Darren Hanlon es un compositor y cantante cuyo estilo es denominado folk urbano. Famoso en su Australia natal por ser un auténtico narrador, poeta y trovador; se dice que es capaz de hipnotizar a la audiencia con su espectáculo, sus letras encantadoras y un contar historias fuera de lo común. Hanlon militó en varios conjuntos siendo el más importante los Simpletons y si nunca había escuchado mencionar a este artista desde luego tampoco a su banda de origen. Colabora con diversos artistas como los Lucksmiths y los Dearhunters, ambas agrupaciones desconocidas para mí y terriblemente famosas al otro extremo de la Tierra.

Su música puede encuadrarse dentro del indie con influencias folk y country al estilo americano, pero con temáticas distintas y una voz con un marcado acento austral. Guitarra, percusiones acústicas más un ritmo pausado sin ser aburrido nos invitan más a la introspección que a la danza. El ocasional acompañamiento femenino junto con el banjo y el ukulele suponen un adorno exquisito en algunos cortes.

Where Did You Come From? es el quinto álbum en solitario de Hanlon. Sus letras destacan por ser inteligentes, sensibles, profundas con una clara tendencia a la poesía y llenas de juegos de palabras interesantes. Posiblemente sean las letras la carta más fuerte en lo que es sin duda una mano ganadora. Full house para el oído.

Un afortunado descubrimiento para este tiempo en que ya nada nos sorprende, por eso me alegra mucho poder reseñar con tanto entusiasmo una placa editada en este 2015. No todo está perdido en el mundo de la música al menos cuando hay algunos empeñados en salvarlo ante las tendencias desechables imperantes en la actualidad.

De regreso a casa encontré lluvia, noche cerrada y avenida congestionada, la segunda parte del álbum me llevó a pensar que hasta la vida de esas mujeres que ofrecen sus cuerpos sobre Tlalpan no puede ser tan mala. El optimismo inspirado por una pieza musical puede ser tan poderoso como para renovar la fe en el género humano.

Recomendable al 90%.

P. D. Happy birthday, brother!

Cybotron – Sunday Night At The Total Theatre (1976)

Cybotron - Sunday Night at the Total Theatre Front

Anoche cerré los ojos con los audífonos puestos. Me estiré en la cama entre  sábanas de algodón, luces apagadas y cortinas bloqueando la luz exterior. La idea era relajarse en un ritual previo a las ocho horas de sueño que tenía contempladas. Una selección musical apropiada muchas veces facilita la entrada a esa dimensión humana tan llena de deseos reprimidos y arrastrarnos a ese estado que con frecuencia no nos quiere soltar por las mañanas.

De entrada no pude dormir, al menos no inmediatamente, pues fui sorprendido por un complejo tejido musical. Vivos colores e increíbles texturas. Lo que empezó como una suave melodía ambiental tornó en pasajes acelerados, oscuros, también aterradores, pero al final únicos y emocionantes.

No era precisamente el disco indicado para inducir al sueño, sino todo lo contrario, pues gracias a su contenido imaginé un sinfín de cosas que bien podrían haber salido en una peli de ciencia ficción. Dentro de tales ensoñaciones me proyecté en una calle oscura iluminada por la luna, la humanidad había desaparecido por completo y la ciudad parecía abandonada. Pude verme por un instante solo en esta tierra con la certeza de que nunca más vería a otra persona. Mientras flotaba siendo dueño de todas las cosas, era más la curiosidad que el miedo, e incluso cabía la posibilidad de que apareciera un vehículo interestelar a rematar el cuadro.

Dejemos la fantasía para otra ocasión y mejor hablemos de la música que me mantuvo despierto un rato.

Cybotron fue un dúo de músicos australianos en franca experimentación; un proyecto formado hace cuarenta años y que solo llegaría a grabar tres álbumes en estudio. Sus influencias pueden rastrearse en el trabajo de bandas como Tangerine Dream, Ash Ra Tempel, Popol Vuh o Hawkwind, pero imprimiendo a su trabajo un estilo propio para considerarse un punto y aparte respecto de sus modelos a seguir.

Sunday Night Live At The Total Theatre es una grabación en directo hecha en 1976, materializado en aquel tiempo en un tiraje privado muy limitado, cuyas copias en vinil pueden llegar a costarle una pequeña fortuna al ávido coleccionista. La mía es una reedición en disco compacto. La bendita globalización nos permite tener acceso a este tipo de rarezas y emocionarnos como si estuviéramos viviendo estas interpretaciones de primera mano.

La música es una combinación de sintetizadores moog con saxofón, efectos especiales o espaciales -como se quiera ver-, vibraciones electrónicas, la percusión constante salida de un aparato y destaca por su sonido futurista, sinfónico, muy distinto a lo que yo estoy acostumbrado; piezas instrumentales de vanguardia ideales para acompañarnos en un viaje cósmico.

No voy a negar que muchas veces las portadas de los discos llaman mi atención e incluso pueden llegar a ser un factor determinante al momento de elegir entre dos conjuntos que me son desconocidos. Cybotron no sería la excepción. La carátula muestra una fotografía en blanco y negro en la que ambos músicos aparecen entre sus instrumentos de trabajo. Uno de ellos, aparece con una playera del grupo -ambos lucen vestimentas similares- y una capa. La capa es una prenda que yo utilizaría con mucho orgullo. Iría a todas partes luciéndola con gallardía, en la escuela, restaurantes, eventos sociales y por qué no, para andar en casa, recibir a las visitas o llevar a cabo labores domésticas. Lamentablemente, pronto me tildarían de loco y quizá uno de los vecinos se sienta obligado a llamar a un psiquiátrico para que me encierren una temporada.

Los invito a todos ustedes a dar una oportunidad a un conjunto desconocido y emprender junto conmigo un viaje sin salir a ninguna parte. Descubrir la obra de unos pioneros prestos a colonizar un planeta desierto. Puedo adelantarles que no escucharán esto en la radio, tampoco verán artículos promocionales y la probabilidad de que regrese el uso de la capa estará supeditado únicamente a los disfraces y a la animación de fiestas infantiles.

Toma mi mano, caminemos juntos hacia el haz de luz, en una de esas podrías llevarte una sorpresa que te cambiará para siempre, imposible saberlo.

Recomendable al 85%.

P.D. “Ride to Infinity” aparece como bonus track en el disco compacto.

Blitzen Trapper – American Goldwing (2011)

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El otro día vagaba despreocupadamente por mi tienda de discos local y me topé con este álbum, para mi sorpresa estaba rebajado a una cantidad ridícula, eso sí estaba maltratado por el paso del tiempo. Era obvio, por su estado de conservación que le habían cambiado la etiqueta del precio en varias ocasiones, lo habían manoseado hasta el cansancio y lo habían abierto de manera grosera para insertarle un dispositivo de seguridad. En pocas palabras, lo encontré casi abandonado como a la tía solterona que por ser incómoda ya no invitan a las fiestas.

Al insertarlo en el reproductor me encontré con algo sumamente familiar, esa sensación de haberme reencontrado con algo que tenía olvidado. Después de varias vueltas llegué a una conclusión, la música contenida puede ser como ese par de zapatos que te gustan mucho y por ende, usas todos los días. Entre más lo escuchas, más te gusta, hasta llegar al punto de convertirlo en ese par de babuchas que no te quieres quitar ni para ir a trabajar. Por eso, encontrarlo en tan deplorable estado me ofende, pues eso no debería pasarle nunca a nuestras cosas favoritas. Muchas de las grandes obras y sus creadores no reciben el reconocimiento que merecen hasta mucho tiempo después. De unos se reían mientras otros pasaban desapercibidos.

Blitzen Trapper proviene de Portland, Estado de Oregon; American Goldwing es su séptimo álbum y su talento nos golpea en la cara como la certeza derivada de una epifanía. De eso se trata. Emociones transmitidas con maestría, momentos que una vez interiorizados pasan a formar parte de nosotros mismos. Inspiración divina que se manifiesta en sueños o cuando uno menos se lo espera. Contiene una combinación de estilos que de tan pegajosa podría ser la envidia en el laboratorio de una fábrica de adherentes.

El primer corte nos lleva a evocar a Rush en su álbum debut, un número roquero de sabor setentero aderezado con unas gotas de nostalgia, un cóctel fresco para el oído, paladeable y sabroso. El resto del disco trae momentos que se balancean del country alternativo al rock, del folk al indie, con una clara reminiscencia en algunos pasajes al sonido de Bob Dylan. En su totalidad resulta la quintaesencia de la americana -ese género fantástico-, manifestación de una tradición que traída a nuestros días mantiene viva la llama de la tradicional fogata en las amplias llanuras del norte del continente. Violines, armónica, voz ligeramente nasal, imaginen pasar de momentos agitados a la calma justo antes de la tormenta y con las primeras gotas corremos a guarecernos de los elementos a una cueva cercana. Desde la entrada miramos las estrellas.

Ideal para manejar despreocupadamente con las ventanillas abajo, el estéreo a todo volumen llamando la atención de los otros automovilistas, causando envidia porque te ves feliz y sabes que lo eres cuando esa linda chica del descapotable te regala una sonrisa llena de complicidad. Si me acusan de ser un optimista incorregible me declaro culpable. Estar vivo es maravilloso.

Ahora bien, si te encuentras con esta pieza no la dejes ir, sobretodo cuando pagas por ella $49.00 pesos. Dicen que las mejores cosas de esta vida son gratuitas y para los costos de la música hoy en día, ese precio es lo más cercano a regalado que podrás encontrarte -al menos en esas grandes cadenas comerciales-. No te dejes engañar por el aspecto físico de este trabajo si lo encuentras bajo las mismas circunstancias en que yo lo hice, vale mucho la pena.

Recomendable al 89%.

P.D. Espero hacerle un poco de justicia a esta delicia.

Truth and Janey – No Rest For The Wicked (1976)

truth and janey - no rest for the wicked

Todos los conjuntos musicales de la historia empiezan invariablemente con la reunión de dos buenos amigos. En la escuela hacemos nuestras primeras amistades y en muchas ocasiones, la música es un punto en común capaz de dar origen tanto a las relaciones interpersonales más profundas de nuestras vidas como a las discusiones más bizantinas. “Este grupo es bueno, aquél no, nosotros escuchamos lo que verdaderamente vale la pena y ustedes no”, en fin, criticamos duramente los gustos de aquéllos que no nos caen bien o emitimos juicios de valor partiendo muchas veces de las premisas más absurdas del tipo: “tal cantante sólo es para las niñas”, “esos le gustaban a mis papás”, “esa es música para panchitos”, etc., siempre despreciando y al hacerlo perdemos la oportunidad de conocer un poco más.

Ahora bien, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que los conjuntos surgen a partir de la amistad de dos melómanos y uno de ellos, invita a un amigo. Unas bandas tocan covers solo para divertirse -muchas veces carentes de talento-, mientras otras revolucionan la historia de la música. En algún momento de mi propia vida, tuve un conjunto de rock y pasado un tiempo, me percaté que no cambiaríamos el rumbo de este maravilloso arte, y es esta amarga conclusión la que me empujó hacia la idea de que lo más conveniente era abandonar ese sueño de juventud y estudiar una carrera universitaria convencional.

Truth & Janey fue una banda de Iowa formada en los años setenta. El principio de dos amigos con intereses similares estaba presente. Originalmente quisieron nombrar a la banda solo Truth, en honor a un álbum de Jeff Beck, pero al poco tiempo se dieron cuenta que ya existía otra agrupación con ese mismo nombre. Entonces deciden agregarle el apellido de Billy Janey, uno de los integrantes del conjunto y así quedaría el nombre en definitivo. Me hace recordar cuando yo mismo tenía mi banda de adolescente y solo podía emular a mis héroes en los nombres que venían a mi mente, algo del estilo: ¿Por qué no le ponemos Metálica o MC6? y recibir por respuesta: “esos ya existen, güey”, a lo que yo alegaba: “pero si los nombres se escriben diferente”, en más de una ocasión recibí una negativa acompañada de una serie de aspavientos por parte de mis compañeros de grupo.

La banda grabó un par de sencillos a principios de los setenta, pero hasta 1976 entran a un estudio a trabajar sobre su álbum debut. Desesperados al no obtener un contrato de grabación, terminan financiando su propio disco, cuyo tiraje inicial de mil copias se agotó rápidamente entre sus dedicados fanáticos y seguidores locales. Estamos hablando de Iowa y sus alrededores, giras que no se alejaban suficiente de casa, siempre a la deriva y en espera de una gran oportunidad. Llenaban sin lugar a dudas aquellos recintos para los cuales eran contratados si es que la suerte los asistía.

Pero hablemos de su sonido, imaginemos un power trio en la vena de Cream, Jimi Hendrix Experience y similares. Ahora hay que situarlos en la corriente adecuada, dentro de la psicodelia y el garaje rock, en lo que yo definiría como rock puro y duro, sin adornos de producción ni tomas subsecuentes, una auténtica patada en la cara plagada de un talento capaz de enchinar la piel. Una auténtica gema en bruto, piedra y destellos fascinantes. Un secreto celosamente guardado. Es más, si en un diccionario musical se buscara definir a T&J estarían bajo el término underground.

La guitarra rítmica es impresionante y los largos pasajes con tintes progresivos hacen evidente la cualidad hipnótica de la música. Es una pena que no hayan sido mucho más famosos, afortunadamente fueron lo sólido que se requiere para resistir el paso del tiempo hasta nuestros días y llegar con una copia a nuestras manos. Cuando me los recomendaron tuve mis dudas, sobretodo por lo desconocido y por el precio, pero opté por darles una oportunidad y no me arrepiento, lo pagaría una vez más y quizá con un extra ahora que se de qué se trata. En verdad tengo mucho que aprender.

Si te gusta Ted Nugent, esto es para ti, si lo tuyo es Budgie o la banda australiana Buffalo, debes darles una oportunidad. A mí me han acelerado el pulso y contigo lo harán también. Glorioso. Hard rock de excelente manufactura hecho con el mismo material con el que están hechas las estrellas.

Recomendable al 90%.

P.D. Hablando de amistad, quiero dedicar esta reseña a todos mis amigos presentes y futuros. Especialmente a aquéllos que tanta falta me hicieron durante el periodo vacacional. Ustedes saben quienes son.

Johnny Marr – The Messenger (2012)

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Durante mucho tiempo, Johnny Marr estuvo a la sombra de grandes figuras, malamente porque es un guitarrista de innegable talento y ha participado en una larga lista de álbumes que ayudaron a definir el rock británico de los últimos treinta años; eso si, siempre desde la trinchera y tras bambalinas.

Marr, nació en Manchester, Inglaterra, hijo de padres irlandeses. Durante su niñez quiso dedicarse al futbol de manera profesional, con propuestas del Nottingham Forest Football Club y haciendo pruebas para el Manchester City. En una entrevista reveló que era lo suficientemente bueno para jugar en éste último, pero que no había sido considerado debido a que era el único aspirante que usaba delineador.

En 1982, forma junto con Steven Patrick Morrissey, la banda The Smiths, siendo una mancuerna de tal talento que serían considerados entre los dúos creativos más importantes de nuestro tiempo. Con dicha agrupación grabó cuatro álbumes que fueron grandes éxitos entre el público y la crítica especializada, particularmente en el Reino Unido. Su trabajo sería apreciado en el resto del mundo hasta después de la disolución de la referida agrupación.

A lo largo de su carrera escribe, produce y sale de gira con músicos de la talla de los Pretenders, Bryan Ferry, Simple Minds, Talking Heads, Modest Mouse, entre muchos otros.

The Messenger es su primer larga duración en solitario. Un álbum británico hasta la médula de los huesos, tanto como el pescado con papas, el filete Wellington o el cordero al horno con salsa de menta. En éste, predominan las guitarras y los cortes enérgicos, haciéndose evidente el papel que jugaba Marr dentro de los Smiths. Algunas de las canciones contenidas dentro del disco, bien podrían ser sencillos perdidos de la discografía de dicha banda, pero no le piden nada a la susodicha, y créanme que tampoco les hace falta. Johnny escribe y produce su álbum, logrando retratar de manera fidedigna su visión personal acerca de la música.

El sonido resulta ochentero, pero aderezado con una producción moderna y bien equilibrada. Da la impresión en el escucha de ser testigo del surgimiento de un nuevo clásico. Fresco y al mismo tiempo familiar como experimentar un agradable déjà vu. Extremadamente pegajoso, los coros de sus canciones se repiten para nuestros adentros aún después de dejar de escucharlos.

La portada es francamente horrible. Se necesita tener una autoestima notable y una envidiable seguridad en uno mismo para salir retratado de esa manera. Marr no es ningún jovencito y la postura mostrada en la fotografía es francamente ridícula. Una de dos, pareciera que está cruzando por encima de un agujero apoyado en una tablita -mientras hace un esfuerzo por mantener el equilibrio- o peor aún, todo un cincuentón dando un paseo en patineta. Es la imagen de un rockero viejo y decadente.

Pero concentrémonos en la música, debo decirles que hace mucho tiempo no entraba yo en contacto con un disco que quisiera repetir una y otra vez. Elegante y atemporal, destinado a tener un lugar entre los clásicos. Me provoca la sensación de que esta obra va a ser tema de conversación durante mucho tiempo.

Si amas a los Smiths, seguro amarás este disco, particularmente si tienes arriba de treinta años de edad. Para la gente joven, quizá no resulte tan atractivo, aunque para los melómanos consumados será sin lugar a dudas una pieza interesante. No está de moda ni creo que lo vaya a estar. Dale una oportunidad, en una de esas te atrapa como lo hizo conmigo.

Recomendable al 85%.

Agnes Obel – Aventine (2013)

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Agnes Obel es una cantante y compositora de origen danés con residencia en Berlín. Desde temprana edad experimenta una profunda fascinación por la música y empieza a tomar clases de piano. Influenciada por artistas de la talla de PJ Harvey y Joni Mitchell, así como los compositores franceses Debussy, Ravel y Satie, en 2009 sube un demo a las redes sociales, el cual posteriormente sería utilizado con fines publicitarios por una compañía de telecomunicaciones alemana. Tras varios años de búsqueda, obtiene finalmente un contrato de grabación con un sello discográfico.

Aventine es su segundo larga duración. Todo el álbum es escrito, producido y arreglado por la propia Agnes y lanzado en septiembre de 2013.

Su sonido consiste básicamente en piano, violín y cello. La música es exquisita; las composiciones sencillas y elegantes, provocan en el escucha la sensación de estar en una pequeña capilla frente a un cuarteto de cámara. Unos momentos del disco recuerdan a las melodías de las cajitas de música europeas de principio de siglo, y otros, a la banda sonora de los thrillers de misterio de la pantalla grande.

Canta en el estilo de cabaret del Berlín de los años veinte. Es natural pensar en similitudes con Siouxsie la de los Banshees y Elizabeth Fraser de los Cocteau Twins, sin embargo, la suya también es una voz fresca, llena de sentimiento y capaz de transmitir emociones, resultando desconocida y al mismo tiempo, increíblemente familiar.

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Las letras se acercan a la poesía. Temática melancólica y tendiente a la oscuridad. Amor y desamor, soledad y añoranza. Misterio absoluto, acorde con la música.

Aunque la fórmula a través de este trabajo no cambia y eso es algo que cualquiera podría considerar aburrido, no deja de sorprenderme la originalidad, pues con cada vuelta ha revelado detalles que antes me habían pasado desapercibidos. Música profunda, reflexiva y encantadora.

Impecable ejecución y producción impoluta. Un buen disco de principio a fin.

Promete más vueltas, pero hay que estar de un humor muy particular.

Recomendable al 90%.