Lemmy Kilmister (1945 – 2015)

Lemmy

Lemmy Kilmister se ha ido, su deceso cierra en definitiva uno de los capítulos más importantes en la historia del rock.

Lemmy representa en mi libro personal la figura del hombre que se negó a envejecer, vivió y murió bajo sus propios términos. Un ejemplo a seguir para todas aquellas personas deseosas de vivir hasta las últimas consecuencias. Sin frenos, sin obstáculos infranqueables. Solo Rock and Roll. Pasión sin límites y nada más.

Escandaloso e irreverente solo respondió a sus propios deseos; nadie pudo  someterlo a una obligación contractual, influir sobre su proceso creativo o manipularlo para buscar el éxito comercial. Participó en conjuntos de diversos estilos; a finales de los años sesenta, The Rocking Vickers y Sam Gopal; a principios de los años setenta, con la emblemática banda de space rock Hawkwind y finalmente, a finales de los setenta y principios de los ochenta en el proyecto que lo inmortalizaría: Mötorhead. Una carrera con incursiones en la psicodelia, el space rock, el punk y el heavy metal. Amigo íntimo de Ozzy, fue maestro e influencia de muchos -incluyendo a Dave Grohl- y colaboró con sus más connotados colegas; su participación en Probot fue inolvidable. También incursionó en el cine. Su legado es inmenso.

En mi opinión, Lemmy fue perdiendo el apetito, se encasilló en el personaje que él mismo creó instaládose desde hacía algunos años en la senilidad. Después de grabar algunos álbumes indispensables, continuó tocando lo mismo, siempre lo mismo, como un perro amaestrado. Algunos le llaman estilo, concuerdo con ellos, pero la falta de evolución mata y Lemmy llevaba muerto musicalmente al menos una década. Álbum tras álbum, a partir de los años noventa, su trabajo se tornó un manchón borroso en mi memoria, salvo por algunos momentos rescatables -los menos- y las grabaciones en vivo, pues la banda se distinguió por el derroche de energía en el escenario, la duración de sus recitales y su mítica conexión con el público.

Hay una estrella menos en la tierra y una más brilla en el firmamento de los grandes músicos. Descanse en paz.

Fundamentales: Sam Gopal – Escalator (1969), Hawkwind – Warrior on the Edge of Time (1975), como Mötorhead: Mötorhead (1977) -mi favorito-, Ace of Spades (1980) -el clásico indiscutible-, Inferno (2004) -quizá su mejor álbum en mucho tiempo- y desde luego, los discos en vivo No Sleep ‘till Hammersmith (1981) y Everything Louder Than Everyone Else (1999).

Les dejo un video de Sam Gopal de 1969, en el que aparece un joven Lemmy antes de que su carrera se convirtiera en la vorágine que todos conocemos.

Bulbous Creation – You Won’t Remember Dying (1969)

bulbous creation

Nuevamente ha caído en mis manos un clásico obscuro de fina manufactura, pieza exquisita y documento representativo de una era de intensa experimentación. Un hallazgo similar a encontrarse un billete de quinientos pesos en un pantalón que hace mucho uno no se ponía o encontrar un objeto (muy querido) que considerábamos perdido al mudarnos de casa. Una muy agradable sorpresa. El tipo de acontecimiento que alimenta el apetito desmedido del melómano coleccionista.

Se dice que la banda proviene de Kansas, Estados Unidos, pero en realidad no hay fuentes fidedignas para corroborar esta información. La funda del disco no aporta nada más allá de una breve y quizás imprecisa descripción del estilo contenido en el mismo. Puedo decirles que todo lo que sabemos proviene de una etiqueta adherida al celofán.

Este trabajo lleva por título You Won’t Remember Dying y hace las veces de álbum debut. Consiste en grabaciones hechas entre los años 1969 y 1970, en el legendario estudio Cavern Sound en Missouri, pero por alguna razón que escapa a mi entendimiento no fue lanzado hasta 1994. Estamos ante una placa rescatada del olvido, desempolvada y sacada de los anaqueles de una disquera más bien pequeña encajando a la perfección en el término subterráneo. Ya podía considerarse una antigüedad en los años noventa, pero en la actualidad para muchos podría ser una muy valiosa obra de arte atemporal.

La música es una especie de heavy metal primigenio. Blues pesado con una profunda veta psicodélica. Dos vocalistas con voces intercaladas, guitarra distorsionada, armónica a juego, pasajes extensos en los que prevalecen los ritmos hipnóticos y un súbito cambio de ritmo que sorprenderá a más de uno. Un órgano memorable. Música formada a ratos por momentos inolvidables y otros francamente insulsos, una combinación similar a la vida misma en la que no todo es bueno ni malo. Quiero precisar que la vida hay que vivirla todos los días para descubrirla y siempre será memorable en la medida que la experimentemos con una mente abierta y una fuerte dosis de buena disposición.

Las letras tratan temas variados que incluyen la guerra, la heroína y Satanás. Nada nuevo bajo el sol. Letra y música embonan con precisión como piezas de relojería. Si la temática fueran conejitos, praderas cubiertas de flores o fuentes de agua cristalina debo confesarles que no creería ni media palabra de lo que se habla -sobretodo con este siniestro acompañamiento-, aunque pensándolo bien, eso sí que sería psicodelia, pero en una versión vegana y libre de gluten, acorde a estos tiempos modernos.

Hay un pequeño detalle que a mí me gustó particularmente y que consiste en la inclusión de un cover del clásico de T-Bone Walker “Stormy Monday”, una de mis canciones predilectas de todos los tiempos. Interpretada por muchos a lo largo de los años, esta versión tiene su encanto al sonar sincera y sin pretensiones.

Dale una oportunidad y si llegas a ver una copia, no la dejes ir.

Recomendable al 87%.