Lemmy Kilmister (1945 – 2015)

Lemmy

Lemmy Kilmister se ha ido, su deceso cierra en definitiva uno de los capítulos más importantes en la historia del rock.

Lemmy representa en mi libro personal la figura del hombre que se negó a envejecer, vivió y murió bajo sus propios términos. Un ejemplo a seguir para todas aquellas personas deseosas de vivir hasta las últimas consecuencias. Sin frenos, sin obstáculos infranqueables. Solo Rock and Roll. Pasión sin límites y nada más.

Escandaloso e irreverente solo respondió a sus propios deseos; nadie pudo  someterlo a una obligación contractual, influir sobre su proceso creativo o manipularlo para buscar el éxito comercial. Participó en conjuntos de diversos estilos; a finales de los años sesenta, The Rocking Vickers y Sam Gopal; a principios de los años setenta, con la emblemática banda de space rock Hawkwind y finalmente, a finales de los setenta y principios de los ochenta en el proyecto que lo inmortalizaría: Mötorhead. Una carrera con incursiones en la psicodelia, el space rock, el punk y el heavy metal. Amigo íntimo de Ozzy, fue maestro e influencia de muchos -incluyendo a Dave Grohl- y colaboró con sus más connotados colegas; su participación en Probot fue inolvidable. También incursionó en el cine. Su legado es inmenso.

En mi opinión, Lemmy fue perdiendo el apetito, se encasilló en el personaje que él mismo creó instaládose desde hacía algunos años en la senilidad. Después de grabar algunos álbumes indispensables, continuó tocando lo mismo, siempre lo mismo, como un perro amaestrado. Algunos le llaman estilo, concuerdo con ellos, pero la falta de evolución mata y Lemmy llevaba muerto musicalmente al menos una década. Álbum tras álbum, a partir de los años noventa, su trabajo se tornó un manchón borroso en mi memoria, salvo por algunos momentos rescatables -los menos- y las grabaciones en vivo, pues la banda se distinguió por el derroche de energía en el escenario, la duración de sus recitales y su mítica conexión con el público.

Hay una estrella menos en la tierra y una más brilla en el firmamento de los grandes músicos. Descanse en paz.

Fundamentales: Sam Gopal – Escalator (1969), Hawkwind – Warrior on the Edge of Time (1975), como Mötorhead: Mötorhead (1977) -mi favorito-, Ace of Spades (1980) -el clásico indiscutible-, Inferno (2004) -quizá su mejor álbum en mucho tiempo- y desde luego, los discos en vivo No Sleep ‘till Hammersmith (1981) y Everything Louder Than Everyone Else (1999).

Les dejo un video de Sam Gopal de 1969, en el que aparece un joven Lemmy antes de que su carrera se convirtiera en la vorágine que todos conocemos.

Sanguine Hum – Now We Have Light (2015)

sanguine hum

Cuando era niño veía la adultez a millones de kilómetros de distancia. Las estrellas de cine -aún las juveniles- eran más grandes que yo y pensar en tener dieciocho años era algo inimaginable; ya no digamos llegar a los cuarenta. Al pasar los años esa tendencia comienza a revertirse. Envejecemos, notamos la juventud en las demás personas y preferimos ignorar nuestra edad biológica. Este es un rasgo humano, terriblemente humano diría yo, al punto de pasarnos a todos. Bueno, a casi todos.

El otro día saludé a una compañera de la escuela y cuando le pregunté cómo estaba me contestó “bien, ¿y usted?”, entonces me atraganté con mi saliva. Después de recuperar la compostura respondí como lo haría cualquier representante de mi generación “háblame de tu, por favor”. Me hacía gracia escuchar esa fórmula, pues yo la consideraba propia de los mayores cuando se sentían excluidos por nosotros los jóvenes. Ahora no me hace reír, tampoco me duele escucharla al salir de mi boca, simplemente me lleva a reflexionar sobre el paso del tiempo y nuestra -querámoslo o no- finitud en esta tierra. ¿Me estaré convirtiendo en lo que en el argot local se conoce como un chavo ruco?

Pero hablemos de mi más reciente descubrimiento: Sanguine Hum. Una banda británica de rock progresivo con un estilo similar al de la escuela de Canterbury setentera. El conjunto se forma a partir de la unión de integrantes de Antique Seeking Nuns, Nunbient y de la Joff Winks Band, por lo cual se combinan atmósferas propias de la electrónica, improvisaciones complejas y letras ingeniosas. Un híbrido interesante resultado de muchos años de experimentación aderezado con una producción impecable -elegante y equilibrada- en lo que sin duda podría considerarse un plato suculento.

El sonido se forma a partir de secuenciadores, pianos eléctricos, programación, reverberaciones, distorsiones, guitarra con su esporádico solo, batería en ocasiones orgánica y la voz de Joff Winks. Pasamos sin previo aviso de un suave murmullo a una elaborada orquestación en una especie de montaña rusa cuya velocidad no deja de sorprendernos.

Now We Have Light es la tercera placa de la banda, culminación de un proyecto gestado hace poco más de trece años y cuyo resultado es un álbum conceptual con una temática extraña. Este trabajo versa sobre el descubrimiento de una fuente de energía renovable -robo y posterior conspiración- a partir de dos verdades fundamentales; la primera, consistente en el hecho de que todos los gatos aterrizan sobre sus patas, y la segunda, que cada vez que se unta mantequilla en un pan tostado al caer siempre lo hace sobre el lado untado. ¿Qué pasaría si untamos mantequilla en el lomo del gato y éste cae?  La historia es absurda, pero no será la primera ni la última obra conceptual desarrollada a partir de una idea descabellada.

Se trata de un disco doble cuya duración rebasa los ochenta minutos, lo cual podría considerarse una apuesta arriesgada pues durante ese tiempo se corre el riesgo de perder el rumbo, aburrir al público y perderlo definitivamente. Les aseguro que no es así. El contenido tiene todo para mantenerte enganchado, asegurar futuras vueltas en el reproductor y una o dos conversaciones al respecto en una fiesta. La única crítica que puedo formular es que a mi gusto el trabajo de Sanguine Hum se parece mucho a lo que hace Steven Wilson en sus proyectos, especialmente a Porcupine Tree.

Sin duda estamos frente a los herederos legítimos del rock progresivo británico. Ahora solo falta ver si resisten la prueba del tiempo, pero puedo aventurarme a decirles que posiblemente éste sea uno de los nuevos clásicos. Si la antorcha de los grandes es dada a los jóvenes y éstos son capaces de mantener viva la llama del buen gusto entonces estamos en buenas manos. A este momento el 2015 va bien en cuanto a nuevos lanzamientos. No todo está perdido, ¿no lo creen?

Recomendable al 89%.

Cold Chisel – East (1980)

cold chisel - east

Desde siempre he experimentado una especial fascinación por Australia. Un continente plagado de fauna exótica, paisajes espectaculares y una escena musical prolífica; sin duda una cultura siempre a la vanguardia en todo sentido, de la moda al arte y de la actuación a la literatura. Un paraje moderno y civilizado en el otro extremo del mundo.

Tengo muchas ganas de ir. Conozco ese país por programas de televisión en los cuales, mostraban historias terroríficas como la del surfista atacado por un tiburón o la de la pareja cuyo bebé les fuera arrebatado por un perro salvaje. En otra ocasión supe de serpientes venenosas cuya picadura puede matarte en quince minutos y la mala suerte adereza invariablemente tal evento ya que te agarra  cuando estás de visita en un pueblito a una hora de distancia del hospital más cercano.

En una ocasión -yo tendría unos ocho años- le dije a mi madre que me encantaría conocer Australia, pero me daba miedo ser llevado por el dingo. Ella me volteó a ver para decirme que estaba ya muy grande para eso y si me llegara a encontrar con dicha bestia frente a frente seguramente me devoraría en el acto. Su respuesta me desanimó, pero quién si no los padres para señalarnos esas verdades cargadas de una crueldad inefable. Ahora bien, si llego a ir me abstendré de parar en comunidades apartadas o llanuras dejadas de la mano de Dios en donde pueda estar yo a merced de hambrientos depredadores.

En la secundaria – no me pregunten por qué- trajeron un contingente de estudiantes australianos para llevar a cabo un intercambio o algo parecido. Sus integrantes eran niños de ambos sexos vestidos con atuendos color caqui, sombreros tipo safari y en la mano banderitas de su país. De pronto mis compañeros empezaron a atosigarlos con preguntas y tratar de quitarles sus sombreros ladrándoles en el inglés del hombre primitivo, lo que provocó en ellos un miedo evidente.  A mí me dio pena ajena, pues mis colegas asaltaron a los visitantes como si nunca hubieran visto a un extranjero. La postal parecía más de un reformatorio juvenil del tercer mundo que de una escuela de nivel medio superior.

Ahora bien, dejaré por un momento mis impresiones y experiencias al respecto para hablar de música, un tema más agradable y a todas luces menos peligroso.

Cold Chisel es una banda formada en Adelaida a principios de los años setenta, su estilo era el propio del pub rock que imperaba evolucionando con el tiempo hacia una mezcla orientada al pop rock muy al estilo de los grandes exponentes del género en Occidente. Es uno de los conjuntos más exitosos en la historia australiana al colocar en las listas de popularidad algunos de sus álbumes e incluso llegar a alcanzar discos de oro y platino por sus elevadas ventas. Su estilo se nutriría a partir del blues y el rock and roll clásico -tipo años cincuenta- dentro de una estructura pop, sin entender este término como algo propio de mercadólogos y asesores de imagen.

Las letras sumamente localistas contribuyen directamente a su falta de éxito comercial en otros países. Se habla del diario vivir de la gente, sus problemas sociales y la exaltación de la vida de la clase trabajadora. En ocasiones escandalizaron por su contenido a una sociedad en extremo conservadora mientras en la misma proporción aumentaba una  base creciente de leales admiradores.

East es el tercer álbum de la banda y probablemente su trabajo más conocido por tratarse de una selección de temas impecable. No hay momento en que uno quiera saltarse una parte o cambiar el disco, una producción equilibrada representa la cereza en el pastel. Pegajoso e inolvidable he llegado a tararear pedacitos por temporadas. En eso reside su magia, no por nada esta es una de las grabaciones más famosas en la historia de ese continente.

Esto es tan bueno al grado de intrigarme por qué no es este trabajo un éxito rotundo a nivel internacional. Lamentablemente en nuestro caso muchas de las cosas que nos llegan pasan antes por el vecino dificultando la llegada de lo que muchas veces vale la pena, pues nuestros gustos difieren de los de ellos. Hay cosas que tienen éxito allá mientras aquí pasan desapercibidas y viceversa.

Queridos amigos, los invito a probar un trabajo de 1980 -que quizá muchos de ustedes no conocen- y que está a la altura de los grandes clásicos de la época. Resulta refrescante descubrir joyas perdidas pertenecientes a la década de la infancia cuando uno gustaba de cantar sin saber de qué iba el tema. Date la oportunidad de escucharlos, déjame conocer tu opinión, canta despreocupado y alegre como en los maravillosos años ochenta, háblame una etapa llena de inocencia, curiosidad y descubrimiento, pero sobretodo disfruta.

Recomendable al 89%.

P.D. Por momentos me recuerdan a The Police.

Krokodil – An Invisible World Revealed (1971)

krokodil - invisible world

Cuando era niño recuerdo largas jornadas en el asiento de atrás del coche, en realidad no se si eran tan prolongadas, pero a esa edad uno tiene otra perspectiva respecto del tiempo. Un paseo en carretera podía parecer eterno, cumplir cuarenta años algo como de otra galaxia y el adquirir las responsabilidades de la vida adulta impensable. A mí nunca me va a pasar, lo juro -pensaba en mi fuero interno- y heme aquí experimentando todo aquello reservado para los grandes.

En esos paseos estaba expuesto a la música de mis padres sin posibilidad de opinar al respecto. Por parte de mi madre era la obra de Bach, algunas piezas de Vivaldi o Schubert, sin olvidar por supuesto a Serrat o los éxitos de los conjuntos españoles de bonitas armonías vocales y letras deprimentes. En el caso de mi padre, siempre eran canciones salidas de las listas de popularidad en inglés y español al estilo de Gloria Estefan con Miami Sound Machine, Wham!, Wilfrido Vargas o Juan Gabriel.

Desde aquel tiempo me sentí más atraído a la música en inglés, algunas veces se me pegaban uno o dos éxitos e intentaba cantarlas como buenamente podía; siempre confiando en mi rudimentario entender ladraba las canciones como un cachorro alegre y despreocupado. En ese momento poco me importaba la opinión de los demás, solo quería disfrutar del ritmo, entonces resulta penoso crecer para dejar atrás la inocencia y vivir inmerso en un mundo en el que aprenderse las letras, y cantar con propiedad, se vuelven obligación.

Tengo para ustedes una auténtica joya cuya rareza solo aumenta su encanto. Entremos en materia…

Acabo de descubrir a Krokodil, quienes son posiblemente el secreto mejor guardado de la Europa continental durante los años setentas. Una banda de blues con una interesantísima evolución hacia la psicodelia flirteando descaradamente con el jazz y los sonidos étnicos de la India. Largas piezas instrumentales llenas de elegancia capaces de erizarnos los vellos del cuerpo, ponernos la carne de gallina y elevar nuestra presión arterial a niveles insospechados.

An Invisible World Revealed es el tercer álbum de la banda; en él dejan atrás su sonido bluesero para incorporar flauta, órgano mellotrón, tabla hindú y una exótica cítara con apariciones ocasionales en algunos de los temas. Las voces son un añadido hipnótico más propias de un sueño que de una banda acostumbrada a tocar en estadios. En algún punto se escucha un narrador, una suerte de poeta con un mensaje fantástico preámbulo de un cambio de ritmo espectacular.

Un trabajo emocionante que lleva tres vueltas a medida que voy escribiendo al respecto, le encontré un detalle aquí y allá que antes me pasó desapercibido; me estoy enamorando y no pienso meter las manos. Debo decirles que no es fácil sorprenderme, pero es un panorama tan vasto el de la música que tengo la certeza de que existen muchísimas cosas para mí y que solo es cuestión de tiempo para descubrirlas.

Muchos melómanos coleccionistas podrán decirme que se escucha mejor en vinil, coincido con ellos, pero esta reedición en disco compacto trae tres extras que valen muchísimo la pena. El verdadero aficionado es muy dado a tener ambas versiones, así como promocionales, ediciones de otros países, portadas alternativas, etc. Para aquellos que critican el coleccionismo extremo o casi profesional de algunos de mis más respetados congéneres, puedo decirles que nunca tendremos suficiente de lo que nos gusta, pues algunos llegamos a renunciar a la comida a cambio de una nueva emoción musical.

Si no conoces a la banda llegó el momento de hacerlo. Estamos frente a un trabajo impresionante incapaz de defraudar al escucha más exigente. Desde los primeros acordes te sientes como cuesta arriba en una montaña rusa a la expectativa de un viaje emocionante digno de repetirse, yo al menos no pude reprimir un gritito la primera vez. ¿Coincidimos?

Recomendable al 92%.

Bernie Marsden – Shine (2014)

bernie marsden - shine

Cuando se es un guitarrista legendario y los años han pasado, debe ser muy difícil mantenerse vigente. Adaptarse a las nuevas tendencias de la escena musical y atraer nuevos seguidores implica un reto, puede llegar a ser una labor propia de titanes. Como ustedes saben, el público en general es duro con los artistas, un paso en falso puede derribar un ídolo y demostrarnos que estaba formado por el barro más ordinario. Sin embargo, para nuestra buena fortuna, unos pocos están hechos de oro macizo y por ende en aptitud de resistir con entereza el paso del tiempo.

Envejecer no es para débiles de corazón -como diría mi madre-, ya que lo que un día es un cuerpo esbelto, una espesa cabellera y el vigor propio de la juventud, por el simple transcurrir del tiempo se desvanecen, dando paso al sobrepeso, a las sienes plateadas, la calvicie y los achaques que acompañan a la decadencia y la vejez. Los hombres pasamos de las noches de parranda en compañía de hermosas modelos -soñar no cuesta nada- a las temidas visitas al consultorio del proctólogo.

Pero hablemos de Bernie Marsden quien es un auténtico dinosaurio y que a sus sesenta y tres años de edad es todavía capaz de tocar un solo de guitarra digno de una súper estrella de sus dimensiones. Mejor conocido por su trabajo con la famosísima banda Whitesnake -entre muchos otros proyectos-, nuestro héroe es un compositor talentoso con una carrera solista hecha para despertar las envidias de sus contemporáneos e influenciar a las nuevas generaciones de aspirantes a la gloria.

Shine es su más reciente álbum y debo decir que ha causado en mi una muy agradable impresión. Al principio, no sabía que esperar de esta placa. Podría ser un intento desesperado por aferrarse a una carrera decadente y quizá hasta superada. ¡Vaya sorpresa me he llevado!, he pasado a largo de esta obra de la irreverencia e incredulidad al aplauso y la admiración instantánea. Desde el primer acorde del primer corte quedé atrapado en la magia de Marsden y compañía. Quiero precisar que la lista de invitados ya podría por sí misma, consagrarse y formar parte de los salones de la fama -de hecho, muchos de ellos pertenecen a ese selecto grupo-, una auténtica pléyade de estrellas que de una forma u otra han definido el rumbo de la música y que en esta ocasión apoyan a uno de sus integrantes veteranos.

Entre sus ilustres filas podemos mencionar a David Coverdale, Joe Bonamassa e Ian Paice, de quienes se podría escribir largamente en estos espacios. A partir de esta información los iniciados en la materia se pueden hacer una idea de la impecable ejecución demostrada a lo largo de casi una hora.

El álbum combina blues y rock, contiene uno o dos cortes francamente ochenteros que a mí en lo personal no me molestan en lo absoluto. Ocasionales baladas harán las delicias de más de uno al proporcionar un contraste adecuado respecto de las piezas más movidas. El órgano proporciona un acompañamiento discreto y bien acompasado -con sus ocasionales solos-, la armónica nos regala momentos memorables y los coros femeninos dan un toque muy especial al incorporarse a la melodía. La producción es la que podría esperarse en el 2014 con un sonido limpio y potente en el que brillan todos los elementos sin opacarse entre sí, un trabajo perfecto de la ingeniería de sonido moderna.

Ahora bien, yo disfruto con más gusto de algo menos pulido, pero eso son solo mis preferencias personales. Si lo que se está buscando es algo más crudo, estamos en el lugar equivocado. Este disco es como el costoso automóvil deportivo encerado a conciencia a los que unos aspiran, mientras muchos de nosotros preferimos un sedán de años anteriores con una abolladura en la defensa y una ligera capa de tierra en la carrocería. Cuestión de gustos.

Recomendable al 89%.

Bulbous Creation – You Won’t Remember Dying (1969)

bulbous creation

Nuevamente ha caído en mis manos un clásico obscuro de fina manufactura, pieza exquisita y documento representativo de una era de intensa experimentación. Un hallazgo similar a encontrarse un billete de quinientos pesos en un pantalón que hace mucho uno no se ponía o encontrar un objeto (muy querido) que considerábamos perdido al mudarnos de casa. Una muy agradable sorpresa. El tipo de acontecimiento que alimenta el apetito desmedido del melómano coleccionista.

Se dice que la banda proviene de Kansas, Estados Unidos, pero en realidad no hay fuentes fidedignas para corroborar esta información. La funda del disco no aporta nada más allá de una breve y quizás imprecisa descripción del estilo contenido en el mismo. Puedo decirles que todo lo que sabemos proviene de una etiqueta adherida al celofán.

Este trabajo lleva por título You Won’t Remember Dying y hace las veces de álbum debut. Consiste en grabaciones hechas entre los años 1969 y 1970, en el legendario estudio Cavern Sound en Missouri, pero por alguna razón que escapa a mi entendimiento no fue lanzado hasta 1994. Estamos ante una placa rescatada del olvido, desempolvada y sacada de los anaqueles de una disquera más bien pequeña encajando a la perfección en el término subterráneo. Ya podía considerarse una antigüedad en los años noventa, pero en la actualidad para muchos podría ser una muy valiosa obra de arte atemporal.

La música es una especie de heavy metal primigenio. Blues pesado con una profunda veta psicodélica. Dos vocalistas con voces intercaladas, guitarra distorsionada, armónica a juego, pasajes extensos en los que prevalecen los ritmos hipnóticos y un súbito cambio de ritmo que sorprenderá a más de uno. Un órgano memorable. Música formada a ratos por momentos inolvidables y otros francamente insulsos, una combinación similar a la vida misma en la que no todo es bueno ni malo. Quiero precisar que la vida hay que vivirla todos los días para descubrirla y siempre será memorable en la medida que la experimentemos con una mente abierta y una fuerte dosis de buena disposición.

Las letras tratan temas variados que incluyen la guerra, la heroína y Satanás. Nada nuevo bajo el sol. Letra y música embonan con precisión como piezas de relojería. Si la temática fueran conejitos, praderas cubiertas de flores o fuentes de agua cristalina debo confesarles que no creería ni media palabra de lo que se habla -sobretodo con este siniestro acompañamiento-, aunque pensándolo bien, eso sí que sería psicodelia, pero en una versión vegana y libre de gluten, acorde a estos tiempos modernos.

Hay un pequeño detalle que a mí me gustó particularmente y que consiste en la inclusión de un cover del clásico de T-Bone Walker “Stormy Monday”, una de mis canciones predilectas de todos los tiempos. Interpretada por muchos a lo largo de los años, esta versión tiene su encanto al sonar sincera y sin pretensiones.

Dale una oportunidad y si llegas a ver una copia, no la dejes ir.

Recomendable al 87%.

Truth and Janey – No Rest For The Wicked (1976)

truth and janey - no rest for the wicked

Todos los conjuntos musicales de la historia empiezan invariablemente con la reunión de dos buenos amigos. En la escuela hacemos nuestras primeras amistades y en muchas ocasiones, la música es un punto en común capaz de dar origen tanto a las relaciones interpersonales más profundas de nuestras vidas como a las discusiones más bizantinas. “Este grupo es bueno, aquél no, nosotros escuchamos lo que verdaderamente vale la pena y ustedes no”, en fin, criticamos duramente los gustos de aquéllos que no nos caen bien o emitimos juicios de valor partiendo muchas veces de las premisas más absurdas del tipo: “tal cantante sólo es para las niñas”, “esos le gustaban a mis papás”, “esa es música para panchitos”, etc., siempre despreciando y al hacerlo perdemos la oportunidad de conocer un poco más.

Ahora bien, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que los conjuntos surgen a partir de la amistad de dos melómanos y uno de ellos, invita a un amigo. Unas bandas tocan covers solo para divertirse -muchas veces carentes de talento-, mientras otras revolucionan la historia de la música. En algún momento de mi propia vida, tuve un conjunto de rock y pasado un tiempo, me percaté que no cambiaríamos el rumbo de este maravilloso arte, y es esta amarga conclusión la que me empujó hacia la idea de que lo más conveniente era abandonar ese sueño de juventud y estudiar una carrera universitaria convencional.

Truth & Janey fue una banda de Iowa formada en los años setenta. El principio de dos amigos con intereses similares estaba presente. Originalmente quisieron nombrar a la banda solo Truth, en honor a un álbum de Jeff Beck, pero al poco tiempo se dieron cuenta que ya existía otra agrupación con ese mismo nombre. Entonces deciden agregarle el apellido de Billy Janey, uno de los integrantes del conjunto y así quedaría el nombre en definitivo. Me hace recordar cuando yo mismo tenía mi banda de adolescente y solo podía emular a mis héroes en los nombres que venían a mi mente, algo del estilo: ¿Por qué no le ponemos Metálica o MC6? y recibir por respuesta: “esos ya existen, güey”, a lo que yo alegaba: “pero si los nombres se escriben diferente”, en más de una ocasión recibí una negativa acompañada de una serie de aspavientos por parte de mis compañeros de grupo.

La banda grabó un par de sencillos a principios de los setenta, pero hasta 1976 entran a un estudio a trabajar sobre su álbum debut. Desesperados al no obtener un contrato de grabación, terminan financiando su propio disco, cuyo tiraje inicial de mil copias se agotó rápidamente entre sus dedicados fanáticos y seguidores locales. Estamos hablando de Iowa y sus alrededores, giras que no se alejaban suficiente de casa, siempre a la deriva y en espera de una gran oportunidad. Llenaban sin lugar a dudas aquellos recintos para los cuales eran contratados si es que la suerte los asistía.

Pero hablemos de su sonido, imaginemos un power trio en la vena de Cream, Jimi Hendrix Experience y similares. Ahora hay que situarlos en la corriente adecuada, dentro de la psicodelia y el garaje rock, en lo que yo definiría como rock puro y duro, sin adornos de producción ni tomas subsecuentes, una auténtica patada en la cara plagada de un talento capaz de enchinar la piel. Una auténtica gema en bruto, piedra y destellos fascinantes. Un secreto celosamente guardado. Es más, si en un diccionario musical se buscara definir a T&J estarían bajo el término underground.

La guitarra rítmica es impresionante y los largos pasajes con tintes progresivos hacen evidente la cualidad hipnótica de la música. Es una pena que no hayan sido mucho más famosos, afortunadamente fueron lo sólido que se requiere para resistir el paso del tiempo hasta nuestros días y llegar con una copia a nuestras manos. Cuando me los recomendaron tuve mis dudas, sobretodo por lo desconocido y por el precio, pero opté por darles una oportunidad y no me arrepiento, lo pagaría una vez más y quizá con un extra ahora que se de qué se trata. En verdad tengo mucho que aprender.

Si te gusta Ted Nugent, esto es para ti, si lo tuyo es Budgie o la banda australiana Buffalo, debes darles una oportunidad. A mí me han acelerado el pulso y contigo lo harán también. Glorioso. Hard rock de excelente manufactura hecho con el mismo material con el que están hechas las estrellas.

Recomendable al 90%.

P.D. Hablando de amistad, quiero dedicar esta reseña a todos mis amigos presentes y futuros. Especialmente a aquéllos que tanta falta me hicieron durante el periodo vacacional. Ustedes saben quienes son.