White Hills – Walks For Motorists (2015)

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Ayer no pude comer en casa, decidí entonces comerme una hamburguesa en un puesto callejero. El cartel anunciaba distintas especialidades; sencilla, doble, con queso o tocino y hawaiana, además de papas fritas, aros de cebolla e incluso hotdogs. “¿Qué tan grandes son las hamburguesas?”, pregunté al encargado. “Tenemos siete tamaños y van desde treinta hasta mil setecientos cincuenta pesos”, respondió con autosuficiencia. No me molestó el tono en que se dirigió a mí al causarme mucha gracia el sarcasmo. “Un comerciante informal con aires de superioridad. Este es el lugar”, pensé.

En lo que el sujeto preparaba mis sagrados alimentos observé con detenimiento su local. Estaba limpio y ordenado, lo cual me pareció algo deseable para un lugar en donde manipulan comida. Entre latas de piña en almíbar había un gastado ejemplar de “Corazón: Diario de un niño”, de Edmundo de Amicis; una novelita cursi que me leía mi madre en voz alta antes de dormir. “Este comerciante además de pedante es un intelectual”, admití sorprendido. Con mayor razón disfruté de la dichosa hamburguesa porque mi interlocutor y yo teníamos algo en común. Ambos éramos lectores.

Llegué a casa decidido a olvidar este extraño incidente urbano. Me quité los zapatos y puse uno de mis más recientes descubrimientos: White Hills. Una banda neoyorkina cuyo estilo podría considerarse parte del movimiento neo psicodélico actual; futurista, progresivo, experimental entre rock y electrónica. Un exquisito coctel posmoderno. WH retoma aspectos interesantes del space rock al estilo de Hawkwind, post punk al estilo de Bauhaus, metal en toda la extensión del término e incluso elementos de los movimientos post rock y drone. Todo esto quizá no les diga nada, pero podríamos hacernos una idea de su trabajo si imaginamos a MC5 en anfetaminas, es decir, garage rock a un ritmo frenético.

Walks For Motorists es la más reciente producción de este dúo creativo, en la cual se conjugan cadencias hipnóticas, riffs de guitarra, distorsiones, reverberaciones y una voz que pareciera provenir de ultratumba. Nueve canciones plagadas de líneas de bajo e intenso sonido de sintetizadores en las que se retoman las improvisaciones de sus ancestros psicodélicos para ser mezcladas con música industrial. Percusiones programadas acompañan esta amalgama de elementos que a pesar de la descripción, y lo extraña que resulta, funciona muy bien.

Una vez más me sorprendo escribiendo acerca de un disco editado este año lo cual me llena de beneplácito. Habiendo tantas nuevas propuestas, algunas carentes de magia, disfruto encontrarme con algo fresco, enérgico y digno de comentarse. De esto se trata la vida, momentos inolvidables separados por otros que no lo son tanto. El quid del asunto es tratar en la medida de lo posible de encadenar esos eslabones mágicos. Este 2015 está resultando maravilloso no solo por sus proyectos musicales sino por lo el solo hecho de estar vivo.

Dale una oportunidad a esta placa y quedarás encantado, eso sí, no está pensada para débiles de corazón. Siente la sangre recorriendo los rincones del cuerpo a una velocidad alucinante. Punk para el siglo XXI. Solo resta atestiguar si está hecha para resistir los embates del tiempo o si se trata de una moda pasajera.

Recomendable al 88%.

Bulbous Creation – You Won’t Remember Dying (1969)

bulbous creation

Nuevamente ha caído en mis manos un clásico obscuro de fina manufactura, pieza exquisita y documento representativo de una era de intensa experimentación. Un hallazgo similar a encontrarse un billete de quinientos pesos en un pantalón que hace mucho uno no se ponía o encontrar un objeto (muy querido) que considerábamos perdido al mudarnos de casa. Una muy agradable sorpresa. El tipo de acontecimiento que alimenta el apetito desmedido del melómano coleccionista.

Se dice que la banda proviene de Kansas, Estados Unidos, pero en realidad no hay fuentes fidedignas para corroborar esta información. La funda del disco no aporta nada más allá de una breve y quizás imprecisa descripción del estilo contenido en el mismo. Puedo decirles que todo lo que sabemos proviene de una etiqueta adherida al celofán.

Este trabajo lleva por título You Won’t Remember Dying y hace las veces de álbum debut. Consiste en grabaciones hechas entre los años 1969 y 1970, en el legendario estudio Cavern Sound en Missouri, pero por alguna razón que escapa a mi entendimiento no fue lanzado hasta 1994. Estamos ante una placa rescatada del olvido, desempolvada y sacada de los anaqueles de una disquera más bien pequeña encajando a la perfección en el término subterráneo. Ya podía considerarse una antigüedad en los años noventa, pero en la actualidad para muchos podría ser una muy valiosa obra de arte atemporal.

La música es una especie de heavy metal primigenio. Blues pesado con una profunda veta psicodélica. Dos vocalistas con voces intercaladas, guitarra distorsionada, armónica a juego, pasajes extensos en los que prevalecen los ritmos hipnóticos y un súbito cambio de ritmo que sorprenderá a más de uno. Un órgano memorable. Música formada a ratos por momentos inolvidables y otros francamente insulsos, una combinación similar a la vida misma en la que no todo es bueno ni malo. Quiero precisar que la vida hay que vivirla todos los días para descubrirla y siempre será memorable en la medida que la experimentemos con una mente abierta y una fuerte dosis de buena disposición.

Las letras tratan temas variados que incluyen la guerra, la heroína y Satanás. Nada nuevo bajo el sol. Letra y música embonan con precisión como piezas de relojería. Si la temática fueran conejitos, praderas cubiertas de flores o fuentes de agua cristalina debo confesarles que no creería ni media palabra de lo que se habla -sobretodo con este siniestro acompañamiento-, aunque pensándolo bien, eso sí que sería psicodelia, pero en una versión vegana y libre de gluten, acorde a estos tiempos modernos.

Hay un pequeño detalle que a mí me gustó particularmente y que consiste en la inclusión de un cover del clásico de T-Bone Walker “Stormy Monday”, una de mis canciones predilectas de todos los tiempos. Interpretada por muchos a lo largo de los años, esta versión tiene su encanto al sonar sincera y sin pretensiones.

Dale una oportunidad y si llegas a ver una copia, no la dejes ir.

Recomendable al 87%.

Truth and Janey – No Rest For The Wicked (1976)

truth and janey - no rest for the wicked

Todos los conjuntos musicales de la historia empiezan invariablemente con la reunión de dos buenos amigos. En la escuela hacemos nuestras primeras amistades y en muchas ocasiones, la música es un punto en común capaz de dar origen tanto a las relaciones interpersonales más profundas de nuestras vidas como a las discusiones más bizantinas. “Este grupo es bueno, aquél no, nosotros escuchamos lo que verdaderamente vale la pena y ustedes no”, en fin, criticamos duramente los gustos de aquéllos que no nos caen bien o emitimos juicios de valor partiendo muchas veces de las premisas más absurdas del tipo: “tal cantante sólo es para las niñas”, “esos le gustaban a mis papás”, “esa es música para panchitos”, etc., siempre despreciando y al hacerlo perdemos la oportunidad de conocer un poco más.

Ahora bien, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que los conjuntos surgen a partir de la amistad de dos melómanos y uno de ellos, invita a un amigo. Unas bandas tocan covers solo para divertirse -muchas veces carentes de talento-, mientras otras revolucionan la historia de la música. En algún momento de mi propia vida, tuve un conjunto de rock y pasado un tiempo, me percaté que no cambiaríamos el rumbo de este maravilloso arte, y es esta amarga conclusión la que me empujó hacia la idea de que lo más conveniente era abandonar ese sueño de juventud y estudiar una carrera universitaria convencional.

Truth & Janey fue una banda de Iowa formada en los años setenta. El principio de dos amigos con intereses similares estaba presente. Originalmente quisieron nombrar a la banda solo Truth, en honor a un álbum de Jeff Beck, pero al poco tiempo se dieron cuenta que ya existía otra agrupación con ese mismo nombre. Entonces deciden agregarle el apellido de Billy Janey, uno de los integrantes del conjunto y así quedaría el nombre en definitivo. Me hace recordar cuando yo mismo tenía mi banda de adolescente y solo podía emular a mis héroes en los nombres que venían a mi mente, algo del estilo: ¿Por qué no le ponemos Metálica o MC6? y recibir por respuesta: “esos ya existen, güey”, a lo que yo alegaba: “pero si los nombres se escriben diferente”, en más de una ocasión recibí una negativa acompañada de una serie de aspavientos por parte de mis compañeros de grupo.

La banda grabó un par de sencillos a principios de los setenta, pero hasta 1976 entran a un estudio a trabajar sobre su álbum debut. Desesperados al no obtener un contrato de grabación, terminan financiando su propio disco, cuyo tiraje inicial de mil copias se agotó rápidamente entre sus dedicados fanáticos y seguidores locales. Estamos hablando de Iowa y sus alrededores, giras que no se alejaban suficiente de casa, siempre a la deriva y en espera de una gran oportunidad. Llenaban sin lugar a dudas aquellos recintos para los cuales eran contratados si es que la suerte los asistía.

Pero hablemos de su sonido, imaginemos un power trio en la vena de Cream, Jimi Hendrix Experience y similares. Ahora hay que situarlos en la corriente adecuada, dentro de la psicodelia y el garaje rock, en lo que yo definiría como rock puro y duro, sin adornos de producción ni tomas subsecuentes, una auténtica patada en la cara plagada de un talento capaz de enchinar la piel. Una auténtica gema en bruto, piedra y destellos fascinantes. Un secreto celosamente guardado. Es más, si en un diccionario musical se buscara definir a T&J estarían bajo el término underground.

La guitarra rítmica es impresionante y los largos pasajes con tintes progresivos hacen evidente la cualidad hipnótica de la música. Es una pena que no hayan sido mucho más famosos, afortunadamente fueron lo sólido que se requiere para resistir el paso del tiempo hasta nuestros días y llegar con una copia a nuestras manos. Cuando me los recomendaron tuve mis dudas, sobretodo por lo desconocido y por el precio, pero opté por darles una oportunidad y no me arrepiento, lo pagaría una vez más y quizá con un extra ahora que se de qué se trata. En verdad tengo mucho que aprender.

Si te gusta Ted Nugent, esto es para ti, si lo tuyo es Budgie o la banda australiana Buffalo, debes darles una oportunidad. A mí me han acelerado el pulso y contigo lo harán también. Glorioso. Hard rock de excelente manufactura hecho con el mismo material con el que están hechas las estrellas.

Recomendable al 90%.

P.D. Hablando de amistad, quiero dedicar esta reseña a todos mis amigos presentes y futuros. Especialmente a aquéllos que tanta falta me hicieron durante el periodo vacacional. Ustedes saben quienes son.