Papel perfumado

Hoy ya nadie escribe cartas a la vieja usanza, pero el hacerlo puede tener resultados insospechados. Un enredo, una sorpresa, la llegada del amor verdadero.

He aquí un cuento que aborda este tema. Ojalá lo disfruten.

Papel perfumado

Margarita disfruta mucho estar en la cocina. No tanto por las actividades culinarias propias de ese espacio sino por la vieja mesa de madera que domina el lugar. La magnífica iluminación hacía de ésta el lugar ideal para sus actividades predilectas: juegos de cartas, escribir versos, cuentos divertidos y largas misivas dirigidas a personajes de su propia inventiva. Nada la entretenía más que imaginar situaciones, poner un epígrafe en la parte superior de la hoja, adornar con pequeños dibujos los márgenes, perfumar el papel y al doblarlo poner a secar pétalos de flores.

Una vez que introducía la epístola al sobre lo cerraba con saliva. Escribía una dirección ficticia, colocaba un timbre postal con mucho cuidado para que estuviera derechito y guardaba la carta en el cajón junto a las muchas otras que había escrito.

Sobre una repisa descansa una grabadora junto a una fila de casetes: Sarah Vaughan, Nina Simone, Etta James, Van Morrison, Tim Buckley, Joni Mitchell. La música acompaña sus largas horas frente a la mesa, era un bálsamo para su alma, fuente de inspiración y una compañera agradable cuando se sentía sola. Oh sweet thing, sweet thing… my, my, my my, my sweet thing… cantaba Morrison mientras Margarita suspiraba con aire soñador, le encantaba ese tema, pues la hacía fantasear con amores imposibles.

Un día llamaron a la puerta cuando Margarita se estaba bañando. Era Nabor el cartero. Éste gritó hacia la escalera: “señorita, señorita, le traigo el recibo de la luz”. No obtuvo respuesta. Entonces el mensajero entró a la cocina a cumplir con su trabajo, dejar la factura de la electricidad sobre la mesa, ver si no se le ofrecía a Margarita enviar una carta o al menos conversar unos minutos. De la grabadora brotaba la voz de Joni Mitchell, dulce y embriagadora que cantaba: Oh, I could drink a case of you, darling… And I would still be on my feet… “Qué buen gusto tiene la niña Margarita”, pensó Nabor, “es una melodía divina”. De pronto se percató de la gran cantidad de cartas que había en el cajón de la cocina. “Están listas para enviarse”, concluyó. Tomó el grandísimo fajo de correspondencia y se lo llevó creyendo que tendría un detalle para con Margarita.

Margarita bajó a la cocina con una toalla enredada en la cabeza, posó sus ojos sobre la mesa, revisó el monto que venía en la factura. “Lo mismo de siempre, lo mismo de siempre”, pensó. Subió a su habitación, se vistió y regresó a la cocina dispuesta a escribir. Cambió el casete, se decantó por el Happy Sad de Tim Buckley, soltó un suave silbido, abrió el cajón de la cocina y su corazón dio un vuelco: las cartas habían desaparecido.

La invadió la angustia. Abrió todos los cajones de la cocina, las puertitas donde guardaba la vajilla, la alacena, incluso miró detrás de unos frascos de mermelada de guayaba. No estaban. Le dio mucha tristeza. Telefoneó a la oficina de correos para preguntar por Nabor. No lo encontró, pero la operadora que le atendió le aseguró que todas sus epístolas habían sido enviadas sin dilación y que muy pronto llegarían a su destino. Margarita se puso lívida. “Mis cartas son un pasatiempo”, trataba de tranquilizarse, “todas regresarán a mí al no tener destinatario existente”.

Con el tiempo las fue olvidando.

Un día llamaron a su puerta. Se alcanzaba a escuchar el sonido de una muchedumbre. Margarita se asomó por la ventana discretamente. No daba crédito a sus ojos ante la imagen que se le mostraba. Había una larguísima fila de militares, marinos, bomberos, astronautas, todos vestidos con sus mejores galas, en la mano cada uno llevaba un ramo de flores, incluso uno usaba una falda de paja y un colorido penacho. Se formaron contingentes divididos por regiones del mundo: europeos, americanos, árabes, chinos, africanos, polinesios.

Todos enamorados.

Margarita supo en ese momento que en el futuro debería concentrarse en jugar al solitario.

P.D. A continuación les dejo el audio del tema “A case of you” de Joni Mitchell perteneciente al magnífico álbum del año 1971 intitulado Blue.

 

David Bowie (1947 – 2016)

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Enero y febrero, desviejadero. Al escuchar esa frase pensé en muchas cosas: en viejitas odiosas que se quejan de los ruidos de sus vecinos, en octogenarias con la TV a todo volumen, en ancianos muertos hacía un tiempo y delatados por el olor. Nunca pensé en David Bowie. Las estrellas de rock no deberían morir jamás.

Si ese fuera el caso, podría suceder que llegue un día en que uno de nuestros cantantes favoritos falleciera, entonces nos rascaríamos la cabeza extrañados: yo pensé que fulano era una súper estrella, no lo era… murió o mengana apuntaba a la inmortalidad, ¿en qué se equivocó? Por un instante imaginé a Ludwig van Beethoven, sordo y aburrido, atrapado en un tiempo incomprensible.

En esta ocasión no haré una semblanza de la carrera de Bowie. Voy a honrar su memoria recordando momentos en los que mi vida y su música se vieron involucradas, así ustedes se ahorran leer datos de enciclopedia mientras yo escribo con absoluta libertad.

En mi casa, mis padres no eran aficionados al rock, al contrario, mi madre escuchaba música clásica, trova cubana, conjuntos españoles edulcorados; mi padre, por su parte, era seguidor de las modas pasajeras, consumidor de éxitos radiofónicos y de todo aquello que tuviera una descarada orientación comercial. Así que, como podrán imaginar, no crecí escuchando a David Bowie. Soy un fanático tardío, pero sincero. Me inicié con el Hunky Dory (1971) no por recomendación, sino porque era el único álbum de la tienda. Me enamoré y al poco tiempo me aprendí las letras. Después, con esfuerzo, compré todos sus discos hasta llegar al Earthling (1997).

Siempre me fascinó su capacidad para adaptarse a diversos estilos dependiendo de la época. Del maquillaje y las lentejuelas a los trajes a la medida. Del folk rock a la electrónica. Bowie fue una fuente inagotable de temáticas apropiadas a cada momento, un reflejo vivo de una sociedad cambiante: camaleón, visionario, genio, artista todo terreno.

Un amigo muy querido me introdujo al álbum Black Tie White Noise (1993) y me prestó un VHS con sus videos, lo puse hasta el cansancio. Se terminaba, le regresaba, lo volvía a poner. Lo memoricé como las oraciones de mi niñez. Hasta la fecha no olvido ni uno ni otras. Después llegó a mi vida el Outside (1995). Recuerdo que copié el CD en un cassette y lo traje en el coche durante mucho tiempo. Eventualmente el disco me lo robaron durante una fiesta; la cinta se trabó en el estéreo, al sacarla se le salieron las entrañas y tuve que desecharla. Nunca lo repuse y desconozco el por qué.

Un día anunciaron el concierto en México y fui con mi primer amor. Los teloneros brillaron por su pobreza en el escenario y una falta sensible de apoyo por parte del público. No fue su culpa, en realidad ¿quién podría abrir una presentación de semejante monstruo? El concierto fue inolvidable, David Bowie resultó un artista amable, cálido, sencillo y sin pretensiones. Un genio entregado a su trabajo. Mi novia se portó fatal -no le gustaba particularmente-, pero eso no impidió que yo lo disfrutara. Ya han pasado algunos años de eso; ahora son solo recuerdos.

Durante algún tiempo le perdí la pista a Bowie. Regresaba ocasionalmente a sus álbumes clásicos: mucho Honky Dory, mucho mucho Diamond Dogs (1974), de vez en cuando The Man Who Sold The World (1970) y un larguísimo etcétera. Lo retomé en The Next Day (2013), un trabajo oscuro, lleno de canciones tristonas, videos promocionales gris plomo, esa portada que de una u otra manera presagiaba el final.

Hace ocho días desperté para encontrarme con malas noticias: Bowie había muerto. Sin salir de la cama puse su último trabajo, Blackstar (2016). Me invadió la tristeza. Blackstar es una suerte de despedida, un álbum pesado, triste, un evidente contraste con otros más coloridos, sin dejar de ser una línea interesante para su epitafio. El maestro estaba enfermo, se nota, pero este hecho no opacó la calidad de su arte, pues éste constituye la cereza de ese impresionante pastel que fue su carrera y una invitación a la reflexión: vida, fragilidad y finitud. Un día estamos aquí, mañana ya no.

No nos despedimos realmente. Bowie se reintegra al universo desprendido del cuerpo físico. Si todos somos parte de un todo, entonces no se ha ido, estamos con él y en él, forma parte de nosotros mismos, siempre lo fue. Hasta pronto.

Descanse en paz.

 

 

 

 

Martin Carthy – Martin Carthy (1965)

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En mi calle hay una escuela primaria. Todos los lunes -así como el resto de la semana- hay honores a la bandera, ensayos para festivales y demás actividades que involucran gritos y porras. Muchos gritos, muchas porras y casi lo olvido, mucho canto; tristemente se ha vuelto notoria la falta de instrucción formal, ya que ahora cantan desordenadamente al son de una grabadora. Me ha dado por pensar que ya no tienen maestro de música y como podrán imaginarse: les urge. El volumen amenaza con llevar al límite las bocinas de la escuela mientras el feedback y la distorsión atentan contra la paciencia de todo aquel que se encuentre en las cercanías. Algunos de nosotros estamos a merced de la infancia, los onomásticos y el escándalo sinsentido.

El día de hoy la sorpresa fue escuchar una balada de la trova cubana clásica acompañada con una serie de gritos desacompasados que llevan a pensar más en un criadero de perros chihuahua que en una escuela primaria. ¿Estarían planeando la revolución?, ¿el homenaje de este lunes sería para honrar la memoria de los mártires latinoamericanos?, lo dudo mucho, pues los ideales se han diluido para escurrirse por la alcantarilla de la mediocridad y el conformismo. Además hoy se canta sin interiorizar el contenido de las letras y si nos ponemos estrictos hay mucho con lo que de ninguna manera querríamos que nos identificaran, particularmente en los géneros populares.

Dejando atrás estas reflexiones quiero hablarles de uno de mis más recientes descubrimientos -la verdad es que me lo recomendaron-: Martin Carthy , cantautor que rescata la tradición folclórica de las Islas Británicas; un artista con una prolífica carrera, más de diez álbumes en su haber y que no ha dejado de componer hasta nuestros días. En pocas palabras un hombre que sostiene con orgullo la antorcha de sus antepasados y carga sobre sus hombros el peso de mantener vigente la música de su tierra.

Este es su álbum debut, una colección de canciones tradicionales digna del conocedor más estricto. Guitarra, violín, mandolina y la voz de Carthy, clara como la luz del sol en un día despejado. Su dicción es excelente, las letras se entienden sin necesidad de recurrir al librito que acompaña al disco o a una página de internet. Imaginemos unas grandiosas lecciones de inglés a cargo de Martin: maestro, trovador a la vieja usanza, talento lírico y vocero del corazón.

No quiero pasar por alto la participación de Dave Swarbrick -mandolina y violín- en algunos de los cortes. Su nombre no aparece junto al de Martin en este álbum por los compromisos contractuales -al ser integrante del Ian Campbell Folk Group- y si participó fue con la autorización expresa de Transatlantic Records. Una de las canciones contenidas es una versión fantástica de Scarborough Fair, balada tradicional que fuera popularizada por Simon & Garfunkel -copiada en estilo a la de Carthy- y que en mi opinión es superior a la versión de éstos últimos.

A pesar de que Carthy es un artista contemporáneo su trabajo ha inspirado a artistas como Bob Dylan, el propio Paul Simon, Richard Thompson y Fairport Convention, por nombrar a algunos ya que esta lista se antoja interminable. Asimismo, Martin ha participado en otras agrupaciones como Steeleye Span, los Watersons y Brass Monkey, entre muchos otros.

Ustedes seguramente se preguntarán qué deben esperar de este álbum. La respuesta es sencilla: pueden esperar folk, rima en las letras, instrumentos orgánicos y una ejecución impecable. No hay una producción complicada ni trucos de estudio. Solo deliciosa música medieval capaz de hacernos evocar una escena propia de una feria campestre, tiempos más simples en los que la idea de electricidad, radio y televisión bien podría ser producto del trabajo de un escritor o del oficio de un alquimista. Una época en la que si cantabas mal, pues cantabas mal y no había nada que pudieras hacer.

Una auténtica joya lista para ser descubierta por aquellos con ganas de escuchar algo distinto. La deliciosa recompensa para el oído paciente. Bienvenidos a un viaje al pasado en cuarenta minutos. Memorable.

Recomendable al 89%.

Darren Hanlon – Where Did You Come From? (2015)

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Ayer fue una de esas tardes lluviosas en las que uno pasa largos ratos en el coche. Frío el clima y complicado el tránsito por la ciudad; a lo lejos negros nubarrones completaban una escena que se antojaba desolada, monótona y aburrida. De alguna forma provoca en mí la sensación de que se acerca el final de nuestros días, la necesidad de buscar refugio -más allá de los portales- en la bondad y el amor de los que nos rodean.

Yo siempre he preferido el calor y los días soleados. Cuando el aire anuncia tormenta preferiría quedarme encerrado en mi departamento, disfrutar de una selección musical elegida cuidadosamente o de plano no salir de la cama; es entonces cuando una reconfortante bebida caliente lejos de los bocinazos de los automovilistas se vuelve algo obligado.

Camino de la escuela puse este excelente disco y de entre las nubes brilló un rayito de sol, el ambiente comenzó a despejarse y a lo lejos aparecieron las montañas. Todo en una combinación de música, fenómeno meteorológico y buena voluntad, llevándome a pensar que hasta en los días más obscuros hay algo de belleza oculta. Confieso haber estado a punto de dar vuelta en U para huir de mis responsabilidades, pues en otro tiempo el considerar que las condiciones naturales no eran las óptimas me daba el pretexto perfecto, pero hoy se que eso no es vida.

Todo empezó a fluir al ritmo de una guitarra acústica y una voz con sentimiento mezclados en la combinación más básica posible. Sencillo, contundente, incluso poético con el encanto que tiene lo desconocido aunado al factor sorpresa implícito. Esa sensación generada por quitar el celofán y poner el disco en el reproductor para dejarse ir es algo que no cambiaría por nada. Una experiencia que gusta de la repetición, además tengo el ritual de adquirir un disco nuevo cada miércoles para el camino.

Darren Hanlon es un compositor y cantante cuyo estilo es denominado folk urbano. Famoso en su Australia natal por ser un auténtico narrador, poeta y trovador; se dice que es capaz de hipnotizar a la audiencia con su espectáculo, sus letras encantadoras y un contar historias fuera de lo común. Hanlon militó en varios conjuntos siendo el más importante los Simpletons y si nunca había escuchado mencionar a este artista desde luego tampoco a su banda de origen. Colabora con diversos artistas como los Lucksmiths y los Dearhunters, ambas agrupaciones desconocidas para mí y terriblemente famosas al otro extremo de la Tierra.

Su música puede encuadrarse dentro del indie con influencias folk y country al estilo americano, pero con temáticas distintas y una voz con un marcado acento austral. Guitarra, percusiones acústicas más un ritmo pausado sin ser aburrido nos invitan más a la introspección que a la danza. El ocasional acompañamiento femenino junto con el banjo y el ukulele suponen un adorno exquisito en algunos cortes.

Where Did You Come From? es el quinto álbum en solitario de Hanlon. Sus letras destacan por ser inteligentes, sensibles, profundas con una clara tendencia a la poesía y llenas de juegos de palabras interesantes. Posiblemente sean las letras la carta más fuerte en lo que es sin duda una mano ganadora. Full house para el oído.

Un afortunado descubrimiento para este tiempo en que ya nada nos sorprende, por eso me alegra mucho poder reseñar con tanto entusiasmo una placa editada en este 2015. No todo está perdido en el mundo de la música al menos cuando hay algunos empeñados en salvarlo ante las tendencias desechables imperantes en la actualidad.

De regreso a casa encontré lluvia, noche cerrada y avenida congestionada, la segunda parte del álbum me llevó a pensar que hasta la vida de esas mujeres que ofrecen sus cuerpos sobre Tlalpan no puede ser tan mala. El optimismo inspirado por una pieza musical puede ser tan poderoso como para renovar la fe en el género humano.

Recomendable al 90%.

P. D. Happy birthday, brother!

Tyrannosaurus Rex – Prophets, Seers & Sages: The Angels of the Ages (1968)

trex - prophets

En una ocasión, vagabundeando en la tienda de discos cercana a mi casa, me sucedió un incidente o más bien, una serie de incidentes. Vestía yo una playera polo color azul rey similar a la del uniforme de sus empleados. No idéntica. Si mirabas con atención podías percatarte de la diferencia. Confusión. Debo tener cara de buena gente porque dos o tres clientes empezaron por preguntarme sobre sus discos, esperando que me dirigiera a la computadora para investigar. Al primero le informé que yo no trabajaba ahí. Después se me acercó una señora a la que ni siquiera voltee a ver. Pasado un rato, se me acercó otra que en tono pedante me preguntó sobre música de banda. La miré y le dije señalando a un punto indefinido, búsquelos por allá. Se enojó muchísimo. Me amenazó con llamarle al gerente. Hágale como quiera. Acto seguido se fue y regresó con un personaje de corbata, el que le informó que yo era un cliente al igual que ella. Se enfureció al grado de recordarme a mi progenitora.

Ese tipo de groserías las tomo a la ligera. Inventé una madre ficticia capaz de recibir toda clase de insultos. Una entidad resistente a las mentadas. Me va mucho mejor así, lo que no quiere decir que viva yo inmerso en situaciones incómodas o en perpetua confrontación con los demás. Escudo mis sentimientos detrás de esta férrea abstracción.

Dejémonos de palabrería insulsa. Hablemos de música.

Siempre he tenido una relación amor-odio con Marc Bolan y su obra. Como la mayoría de las personas lo conocí a través de su proyecto T.Rex. A mi gusto una fórmula practicada hasta el cansancio como un perro que solo sabe hacer un truco, verlo hacer “el muertito” es gracioso, pero a la cuarta o quinta vez ha perdido el chiste, la espontaneidad. Solo le pediremos que lo haga cuando tengamos visitas que no lo conozcan o para cuando estemos aburridos cada veintinueve de febrero.

Marc Bolan fue una súper estrella. Un ídolo contemporáneo a David Bowie. Se dice que ambos viajaban en un autobús, bajaron juntos en la misma parada, al primero lo asediaban las admiradoras, mientras el segundo pasaba desapercibido. Las cosas cambiarían drásticamente, pero esa es una historia distinta.

Bolan inicia su carrera a mediados de los años sesenta en la banda de rock psicodélico John’s Children. En 1967 funda Tyrannosaurus Rex junto con Steve Peregrin Took, formando un dúo folk acústico con influencias hindúes en las percusiones. Un producto en extremo apropiado para la época. Me intriga que le haya puesto el nombre de tan temible dinosaurio a su proyecto siendo poeta, bailarín de suaves movimientos e incluso algo afeminado.

Este periodo de su carrera fue fresco y auténtico. Con la fama siento que se fueron acentuando su amor por el dinero y sus ganas de escucharse en la radio queriendo complacer a un público cada vez más escaso. Su fin se veía venir a partir de su incapacidad para renovarse, así como del miedo terrible que tenía a evolucionar. Un día conectó una guitarra eléctrica en el escenario, lo abuchearon y se desanimó.

Prophets es su segundo álbum. Lanzado en 1968, llegaría a las listas de popularidad mucho tiempo después. Guitarras acústicas, poesía, la voz característica de Bolan  acompañada de instrumentos de percusión, bongos, tambores africanos, el kazoo y un gong chino. La producción estuvo a cargo de Tony Visconti, nada más ni nada menos. Un trabajo delicioso. Los años sesenta bien podrían estar dignamente representados en esta grabación.

Las letras hablan de amor, juguetean con temas esotéricos y el ocultismo. Magia, lejano oriente, astros en constante movimiento. Vale la pena. Nuestro héroe publicó un poemario con un moderado éxito editorial -en aquél tiempo- y buenas críticas por parte de los especialistas.

A este disco regreso con cierta frecuencia. Me pongo a pensar qué sería de Bolan si todavía estuviese entre nosotros. ¿Habría evolucionado finalmente o se habría quedado estancado como un enorme lagarto prehistórico?. Es como un fósil atrapado en lo más profundo de la tierra deseando ser redescubierto ahora, esperando en completa soledad y silencio. Es el extremo de un hueso asomándose entre la hierba. Un legado ignorado por la mayoría con el que puedes tropezar si no te fijas por dónde caminas.

Recomendable al 82%.

P.D. Su verdadero nombre no era Marc Bolan. Su pseudónimo provenía de la unión de nombre y apellido de uno de sus grandes ídolos, Bob Dylan.

Grateful Dead – American Beauty (1970)

GD - American Beauty

Platicaba con mi madre acerca de toda clase de cosas cuando seria me dijo”¿cómo es que no has escrito sobre mi banda preferida?”, a lo que yo respondí con otra pregunta “¿de quienes estás hablando?”. La respuesta me sorprendió sobremanera, “ay mijito, de los Grateful Dead”. No esperaba esa respuesta -yo creía conocerla-, entonces tosí con violencia el pedazo de muégano que compartíamos.

Me pareció algo muy raro porque nadie que la conozca podría afirmar su fanatismo por el conjunto en cuestión. Tuve que preguntarle muchas cosas y las respuestas me dejaron sin palabras. Ella me contó que a finales de los sesenta había vivido en una comuna hippie en los Estados Unidos. Siguiendo esa misma línea de pensamiento con soltura relató un supuesto encuentro que tuvo con Jerry Garcia alrededor del fuego en las praderas de Wyoming. ¡Válgame Dios!

Las dudas empezaron a agolparse en mi mente. Atando cabos llegué a algunas conclusiones. Siempre quise saber por qué mi segundo nombre es “viento”, ahora me lo explico. Inmediatamente le pregunté si Jerry Garcia era mi padre a lo que me respondió cariñosamente “no seas tontito, tu papá es tu papá… si fueras hijo de Jerry ya hubiéramos visto el modo de aislar tu ADN y tratar de replicar al genio”. Me quedé helado y a mí regresaron recuerdos aparentemente olvidados. “Con razón el olor a pachuli cuando me abrazaba”, pensé para mis adentros.

Confesó haber fumado marihuana con asiduidad y experimentado viajes con alucinógenos, describiendo a grandes rasgos una vida desenfrenada de juventud. Hizo mucho hincapié en que nada de esto afecta el amor que siente por mí. Menos mal, ya me estaba preocupando. Acto seguido me habló de las dulzuras del amor libre, la libertad individual por encima de los valores de la colectividad y la armonía con la naturaleza. No podía respirar, estaba al borde del desmayo, cuando le pedí que me pellizcara para cerciorarme si estaba soñando, soltó una carcajada.

A la luz de todas estas revelaciones, quise saber qué álbum preferiría en mis reseñas. “American Beauty”, repuso con una amplia sonrisa y el reflejo del sol en sus ojos. ¡Qué pregunta la mía! -debí imaginármelo-, si se trata de un clásico indiscutible, celebrado por la crítica y aplaudido por los fanáticos. La quintesencia del espíritu americano.

Ahora bien, AB es el sexto álbum de este conjunto californiano. Retoma las ideas plasmadas en su predecesor, el mítico Workingman’s Dead, con una mezcla de bluegrass, folk, rock and roll y sobretodo mucho country. Un trabajo equilibrado, rebosante de armonías vocales suaves y un tratamiento instrumental refinado. Se dice que durante ese año era imposible no escucharlo, pues algunos cortes tuvieron promoción en las estaciones de radio de su país.

En esta ocasión, las letras son de Robert Hunter, afamado poeta, compositor, traductor y letrista, discípulo y colaborador de Bob Dylan. Su autoría puede encontrarse en algunas de las canciones más representativas de la banda. Dada la importancia del legado de los Grateful Dead podemos afirmar sin temor a equivocarnos que se trata de un pedazo importante de la cultura popular americana comparable al pastel de manzana, al béisbol, a la Coca Cola o las hamburguesas con queso.

Durante el periodo de grabación diversas personalidades iban y venían dentro del estudio. Integrantes de Jefferson Airplane, así como David Crosby, Neil Young, Graham Nash e incluso Carlos Santana improvisaron con los Dead, influenciando de una u otra manera el momento que fuera capturado para la posteridad. Este escenario por sí mismo podría constituir la fantasía más húmeda de los amantes del rock de la Costa Oeste y un pasaje histórico digno de recordarse.

En definitiva este disco es el medio ideal para aproximarse a la banda. Accesible, pegajoso, inolvidable. La mandolina es un gran detalle. Resulta natural tararear. Una vez que deja de sonar permanece en la memoria durante mucho tiempo. Me acompaña y en ocasiones regreso a él. Por favor, no le digan a mi madre porque si se entera me voy a hacer acreedor a un “te lo dije”.

Recomendable al 90%.

P.D. Mi mamá cariñosamente me aclaró que no se les llama fanáticos a los seguidores de GD. Se les llama Dead Heads. Por un segundo largo me sentí un completo ignorante.

Blitzen Trapper – American Goldwing (2011)

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El otro día vagaba despreocupadamente por mi tienda de discos local y me topé con este álbum, para mi sorpresa estaba rebajado a una cantidad ridícula, eso sí estaba maltratado por el paso del tiempo. Era obvio, por su estado de conservación que le habían cambiado la etiqueta del precio en varias ocasiones, lo habían manoseado hasta el cansancio y lo habían abierto de manera grosera para insertarle un dispositivo de seguridad. En pocas palabras, lo encontré casi abandonado como a la tía solterona que por ser incómoda ya no invitan a las fiestas.

Al insertarlo en el reproductor me encontré con algo sumamente familiar, esa sensación de haberme reencontrado con algo que tenía olvidado. Después de varias vueltas llegué a una conclusión, la música contenida puede ser como ese par de zapatos que te gustan mucho y por ende, usas todos los días. Entre más lo escuchas, más te gusta, hasta llegar al punto de convertirlo en ese par de babuchas que no te quieres quitar ni para ir a trabajar. Por eso, encontrarlo en tan deplorable estado me ofende, pues eso no debería pasarle nunca a nuestras cosas favoritas. Muchas de las grandes obras y sus creadores no reciben el reconocimiento que merecen hasta mucho tiempo después. De unos se reían mientras otros pasaban desapercibidos.

Blitzen Trapper proviene de Portland, Estado de Oregon; American Goldwing es su séptimo álbum y su talento nos golpea en la cara como la certeza derivada de una epifanía. De eso se trata. Emociones transmitidas con maestría, momentos que una vez interiorizados pasan a formar parte de nosotros mismos. Inspiración divina que se manifiesta en sueños o cuando uno menos se lo espera. Contiene una combinación de estilos que de tan pegajosa podría ser la envidia en el laboratorio de una fábrica de adherentes.

El primer corte nos lleva a evocar a Rush en su álbum debut, un número roquero de sabor setentero aderezado con unas gotas de nostalgia, un cóctel fresco para el oído, paladeable y sabroso. El resto del disco trae momentos que se balancean del country alternativo al rock, del folk al indie, con una clara reminiscencia en algunos pasajes al sonido de Bob Dylan. En su totalidad resulta la quintaesencia de la americana -ese género fantástico-, manifestación de una tradición que traída a nuestros días mantiene viva la llama de la tradicional fogata en las amplias llanuras del norte del continente. Violines, armónica, voz ligeramente nasal, imaginen pasar de momentos agitados a la calma justo antes de la tormenta y con las primeras gotas corremos a guarecernos de los elementos a una cueva cercana. Desde la entrada miramos las estrellas.

Ideal para manejar despreocupadamente con las ventanillas abajo, el estéreo a todo volumen llamando la atención de los otros automovilistas, causando envidia porque te ves feliz y sabes que lo eres cuando esa linda chica del descapotable te regala una sonrisa llena de complicidad. Si me acusan de ser un optimista incorregible me declaro culpable. Estar vivo es maravilloso.

Ahora bien, si te encuentras con esta pieza no la dejes ir, sobretodo cuando pagas por ella $49.00 pesos. Dicen que las mejores cosas de esta vida son gratuitas y para los costos de la música hoy en día, ese precio es lo más cercano a regalado que podrás encontrarte -al menos en esas grandes cadenas comerciales-. No te dejes engañar por el aspecto físico de este trabajo si lo encuentras bajo las mismas circunstancias en que yo lo hice, vale mucho la pena.

Recomendable al 89%.

P.D. Espero hacerle un poco de justicia a esta delicia.

Tedeschi Trucks Band – Everybody’s Talkin’ (2012)

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Cuando era un niño, antes de que me salieran los cuernos y le aullara a la luna, empecé a coleccionar discos y tenía la manía de negarme sistemáticamente a las grabaciones en vivo. Pensaba en una pobre calidad de audio, sonido apagado y versiones desafortunadas de mis canciones preferidas capturadas en el estudio. Era aquella una época en la que tenía que escoger cuidadosamente mis adquisiciones, ya que no tenía los recursos económicos ni el acceso propio de las nuevas tecnologías. Un domingo tenía que ser gastado tras una profunda deliberación conmigo mismo y un error podía derivar en un ejemplar acumulando polvo en una repisa.

Debo confesarles que hasta el día de hoy no tenía la intención de escribir acerca de este tipo de álbumes, pero a la primera escucha del presente testimonio he quedado prendado del trabajo de este fantástico grupo de músicos.

Tedeschi Trucks Band es formado por el matrimonio de Susan Tedeschi y Derek Trucks -éste último integrante en su momento de los legendarios Allman Brothers-, una unión resultante en una mancuerna de talentos extraordinaria, casi divina. Sentimiento y técnica en una amalgama poco común, en la que la voz de ella recuerda a las de la míticas sirenas y la guitarra de él podría acompañar los cantos de los más augustos trovadores imaginables.

Este álbum doble en vivo nos presenta un acoplado de estilos diversos, desde blues y rock hasta un góspel sublime, además de un guiño lleno de coquetería a los géneros folk y country. R&B para los tiempos modernos. Una cuidadosa selección de canciones provenientes de su debut Revelator, así como un puñado de covers ejecutados con una maestría digna de los más virtuosos exponentes de la música actual.

Acompañando a nuestra pareja protagonista subyace un grupo de músicos experimentados, aliento, cuerdas, percusiones y un piano siempre presente en todo momento. Un conjunto todopoderoso capaz de robarle el aliento a un público cada vez más exigente, ejecutantes anónimos, artífices de una obra susceptible de admiración y del más absoluto reconocimiento. En pocas palabras, podemos esperar una ovación de pie por parte de los aficionados, así como a los expertos empujados a quitarse el sombrero de manera solemne.

Cabe resaltar que largas improvisaciones dominan la grabación en un estilo similar al de los Grateful Dead, los solos instrumentales aparecen intermitentemente dejando muda a la audiencia, cuya presencia -siempre discreta- solo se hace notar entre en los breves espacios que separan las canciones. Nada suena fuera de lugar. Ningún instrumento ahoga a los demás. Un desempeño prodigioso por parte del ingeniero de sonido. Si tu tienes ideas similares a las mías como cuando yo era un niño, ¡no temas!, el contenido de este disco doble superará tus expectativas como lo hizo con las mías.

No debe sorprendernos la memorable ejecución de la banda, pues para el momento en que esta presentación fue grabada, ya habían sido galardonados con un Grammy anteriormente. Muchos podrán afirmar que dicho premio responde a ventas elevadas y en ninguna forma es un reflejo de los sucesos reales dentro de la escena musical, es a ustedes a quienes invito cordialmente a darles una oportunidad, no se arrepentirán. Quizá sea un reconocimiento vacío, pero en este caso me pongo a dudar, pues te deja sin palabras y al mismo tiempo representa un éxito comercial. El dinero y el talento no se excluyen por necesidad el uno al otro.

Tedeschi Trucks Band es el tipo de banda que no pinta para venir este año a nuestro país, ni el que le sigue. ¿Muy norteamericano para tus gustos?, universal para el oído en busca de una emoción nueva, fresca y apabullante.

Recomendable al 90%.

Joe Cocker (1944-2014)

Joe Cocker

Mi relación con Joe Cocker siempre fue superficial, parecida a la que se tiene con algunos compañeros de la fiesta con los que no profundizas, pero con los que convives de manera agradable. Aquellos a los que no les cuentas tus secretos y ellos no te cuentan los suyos. Cordialidad y distancia. Aunque sabía que tenía una buena voz, por alguna razón que escapa a mi entendimiento nunca profundicé en su trabajo.

Durante mucho tiempo, mi único contacto con él fue a través de un cover de una canción muy famosa y que fuera el tema de un programa de televisión -terriblemente cursi, por cierto-, el cual fuera transmitido en México durante larguísimas temporadas. Y cuando hablo de cursi, me refiero al tipo de programa que uno niega frente a los amigos tratando de adoptar la facha de duro, pero que se mira a escondidas con regularidad para no perderse ningún episodio. Placer culposo dirían algunos.

Recuerdo que mi padre siempre me decía con un total desconocimiento de mis gustos: “¿no te gusta Joe Cocker?, deberías escucharlo, él es uno de los grandes” y yo invariablemente hacía oídos sordos a sus recomendaciones. De niño este tipo de sugerencias, yo las consideraba despectivamente “música de viejos”. Tendría yo trece o catorce años y como se podrán dar cuenta, era un adolescente odioso.

Ahora me he dado a la tarea de investigarlo y he descubierto que la prensa especializada lo considera como uno de los cantantes más importantes de todos los tiempos, conocido por su voz aguardentosa y sus espasmódicos movimientos en el escenario. Gran intérprete de covers, hizo una aparición estelar en el legendario festival de Woodstock, donde deleitó a su público con “With A Little Help Of My Friends” -original de los Beatles-, en una versión muy suya y por la cual sería conocido en todo el mundo.

Cocker grabó alrededor de una veintena de álbumes y mucha de su obra fue utilizada en diversos medios, desde comerciales y programas de televisión hasta bandas sonoras de películas. Llegó incluso a salir en la pantalla grande en pequeños papeles y cameos. Nunca lo hubiera imaginado. A mis ojos un artista conocido por tocar covers -sin importar una fantástica interpretación- carece de originalidad y de talento, es más, bajo esa premisa podría decirse que soy un snob en lo que a música se refiere. Como podrán percatarse, puedo ser intransigente hasta lo más profundo de mi ser. Hoy por hoy y en mi defensa, puedo afirmar sin temor a equivocarme que se me va quitando con el paso de los años.

Ahora me daré a la tarea de escucharlo con detenimiento, ya sin los prejuicios y las pretensiones de un adolescente sediento de aceptación social. Posiblemente escriba más acerca de él en un futuro no tan lejano. Es una pena que en algunos casos el artista tenga que morir para llegar a una mayor audiencia y obtener el ansiado reconocimiento.

Nacido en Inglaterra, tras una prolífica carrera sucumbe finalmente al cáncer de pulmón en Colorado, Estados Unidos. Es esa una prolongada y dolorosa enfermedad que nos ha arrebatado a uno más de los grandes -habiendo tantos artistas prescindibles-, pero como ustedes y yo sabemos, no podemos discutir con la más elemental de las leyes de la vida.

Descanse en paz.

Crosby, Stills & Nash – Crosby, Stills & Nash (1969)

Csn

Uno de los primeros súper grupos de la historia es el conformado por David Crosby, Stephen Stills y Graham Nash. Cada uno de ellos, provenía de famosas agrupaciones que tuvieron diversos problemas, que iban desde diferencias creativas hasta la desintegración.

Crosby, fue despedido de los Byrds; Stills, salió de los Buffalo Springfield al desintegrarse la banda -de la que también saldría Neil Young, cuarto integrante ocasional-, mientras Nash, de origen británico e integrante de los Hollies, harto de sus ex compañeros, abandona y viaja al otro lado del mundo en busca de un giro radical para su carrera.

La historia comienza cuando Crosby y Stills, empiezan a ensayar informalmente. Es importante precisar que el primero de ellos, conoció a Nash con anterioridad durante una gira en el Reino Unido. Ahora bien, un día estaban David y Stephen tocando en una fiesta en casa de Joni Mitchell, cuando de pronto Graham se une a ellos y un chispazo mágico se produjo de manera instantánea, iluminando a todos los presentes. La combinación de sus voces era tan poderosa que deciden formar un nuevo proyecto juntos. Me gusta imaginar la ocasión, con los invitados, un cálido ambiente y el atardecer al lado de la alberca en una reunión de puras súper estrellas; el lugar propicio para algo extraordinario.

Es entonces que deciden utilizar sus apellidos, a fin de que si alguno quisiera salirse, los otros pudieran continuar sin él, además, en caso de tener diferencias no tendrían que pelear legalmente por los derechos derivados del nombre de un conjunto. Ese es el origen de CSN, con una flexibilidad nunca antes vista al no estar constreñidos a una estructura grupal. Estaban listos para entrar al estudio e inmortalizar esa fantástica química para la posteridad.

El otro día platicaba con un amigo muy querido que me dijo: “escribes sobre puros desconocidos, no puede haber grandeza hasta que escribas sobre mi banda preferida, CSN”, cosa que me sorprendió y después de pensarlo, llegué a la conclusión de que tenía razón.

Ahora bien, CSN es su álbum debut. Una pieza folk de indudable belleza. Armonías vocales extraordinarias, rock suave, ligero sabor country, una mezcla exquisita, incluso llega a  incorporar sonidos latinos, mostrando una diversidad poco común. Cada uno de los integrantes aporta un ingrediente específico; Crosby, su activismo político, Stills, la estructura, arreglos y fusión de géneros única, y Nash, una melodía pop de una sutileza incomparable. Los tres, esas voces que combinadas parecen salidas de otro mundo. A mi gusto nunca pudieron superar este primer trabajo, pues fijaron un estándar tan elevado que ni ellos mismos pudieron alcanzarlo nuevamente, sin que esto quiera decir que lo demás que grabaron a lo largo de su carrera no valga la pena.

CSN, se caracteriza por ser estandarte de temas políticos propios de la contracultura estadounidense de finales de los años sesenta y principios de los setenta. Se dice que las tropas estadounidenses escuchaban frecuentemente este primer álbum en los campamentos durante la guerra de Vietnam. Posteriormente, el respeto a los derechos civiles y los horrores de la guerra pasarían a formar parte del discurso habitual de la banda.

Las letras nos hablan de tristeza, amor perdido y tiempos que no regresarán. Aventuras que nos llevan hacia lo desconocido, a lugares nunca antes vistos. Soledad. Poesía capaz de robarnos el aliento con su sencillez y profundidad.

El disco debutó con dos sencillos que figuraron en las listas de popularidad y que fueron éxitos en la radio, lo cual, los catapultaría al estrellato de manera casi instantánea. A decir verdad, esta placa define el estilo de toda una generación de nuevos músicos y su influencia es indiscutible.

Resulta sumamente agradable al oído, recomiendo sin ningún tipo de reservas a todo aquél que guste de la música. Perfecto para una tarde soleada, rodeado de buenos amigos. Un estilo de otra época que ha resistido sin dificultades la prueba del tiempo. Si no tienes el gusto, ¿qué esperas?,  no te arrepentirás.

Recomendable al 90%.

P.D. Mi amigo viajó a Las Vegas con el solo propósito de verlos en directo, entonces me reveló: “si viviera en Las Vegas iría todos los fines de semana a verlos, pero me conformo con ir una o dos veces al año”. Ese sí que es un fanático.

Cuando mi amigo leyó esto, me dijo en tono grave: “¿Recomendable al 90%?, ¿has perdido tus facultades?, recomendable al 100%, güey”. Me encogí de hombros y pensé para mis adentros que es imposible discutir con él.