Beth Hart & Joe Bonamassa – Live In Amsterdam (2014)

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El sábado tengo una boda. Hace mucho que no me pongo un traje y tuve que comprar uno. Fui a una tienda departamental a elegir el más adecuado para el evento. Azul marino. Me mostraron dos o tres trajes, pero solo algunos eran de un color apropiado. Al parecer están de moda las telas brillosas, el azul tirando a morado y los botones tornasolados. Soy un dinosaurio que gusta de la moda estilo siglo XIX -ajeno a toda modernidad- con tendencia a usar más una vestimenta como aquella con la que enterraron a Abraham Lincoln que el disfraz de un mirrey.

Una vez elegido el traje comenzaron los problemas. Los cortes actuales están muy estilizados pensando en cuerpos dignos de portar ropa ceñida. Pantalones para piernas delgadas cuando uno es de muslo gordo como los de las modelos de los años cincuenta. No hay cabida para el sobrepeso en este cruel mundo de escandalosa delgadez. Después de sudar profusamente al probarme tres o cuatro trajes encontré el elegido. Dadas las proporciones de mi cuerpecito tuvieron que sacarle a los pantalones tanto como les fue posible a fin de que me quedaran. Hoy tengo que recogerlo, volvérmelo a probar y sudar bajo esas luces parecidas a las de una rosticería; todo con vistas a hacer una entrada triunfal en un salón como si fuera Paris Hilton o una de las Kardashian.

Lamentablemente, no te pueden vender el saco de un traje y los pantalones de otro. Esa era para mí la combinación ideal. Pantalones grandes y saco no tanto. Por un momento pensé alarmado que tendría que comprar mi ropa de ahora en adelante en tiendas de tallas extra grandes o peor aún, mandármela a hacer con fabricantes de carpas circenses o velas para barcos.

Cambiando de tema quiero hablar sobre la química en la mancuerna formada por Beth Hart y Joe Bonamassa, quienes con anterioridad a este álbum en vivo ya habían colaborado dos veces en el estudio. El trabajo de ambos individualmente es bueno -son muy prolíficos los dos-, sin embargo hay algo que les hace falta para consagrarse. Por un lado, Joe es un guitarrista con una técnica impecable y por el otro, Beth es una cantante cuya voz puede compararse con las de las grandes matronas del blues y el jazz. Imaginemos a Eric Clapton y a Etta James compartiendo el escenario, desde luego toda proporción guardada.

En mi opinión los discos de Bonamassa aunque excelentes en interpretación carecen de sentimiento, son fríos y parecen grabaciones hechas para dar cátedra de cómo se debe tocar la guitarra. Por otro lado, los discos de Hart exceden en sentimiento, pero aunque tienen su encanto se sienten un tanto flojos y poco inspirados. Me pongo a pensar en el saco y el pantalón de trajes distintos que puestos juntos le quedan perfecto al oído.

La presentación grabada para el álbum está formada a partir de canciones propias, algunos covers conocidos y otros más bien oscuros que fueran interpretados originalmente por estrellas de diversos géneros. Temas de Ray Charles, Tom Waits, Bill Withers, Al Kooper y Aretha Franklin, entre otros, son ejecutados con fuerza insuperable en un auténtico festín para los amantes del género. La selección es cuidadosa y el resultado dejará a más de uno con la boca abierta.

Acompañados por un conjunto de músicos en plena forma, una sección de vientos memorable y unos coros discretos, llevan a cabo una demostración de todo aquello de lo que son capaces; encantar a todo tipo de público y hacernos tararear algún pasaje mucho tiempo después. La calidad de grabación es extraordinaria y la única crítica que podría hacerle es la atenuación del audio al final de cada canción, aunque esto es un detalle mínimo que no le resta nada al producto final.

Me sorprende la calidad de los discos en vivo actuales. Cuando era adolescente una placa en concierto muchas veces era sinónimo de un sonido pobre, se trataba muchas veces de excelentes ejecuciones ensombrecidas por los gritos de los asistentes y un trabajo de consola deficiente. Ahora todo es distinto, me he vuelto un entusiasta de la música viva capturada para la posteridad, eso sí, sin cortes ni edición alguna.

Los invito a probarse este atuendo. A lo mejor no les queda, pero estoy seguro de que tampoco les apretará una vez puesto. Denme su opinión. ¿Les resulta muy entallado?, ¿les queda flojo de los hombros?, ¿es necesario recortarle las mangas?

Recomendable al 90%.

P.D. Ya quedó el traje y no tuve que untarme manteca en el cuerpo para entrar en él.

The Cinematic Orchestra – Live At The Royal Albert Hall (2008)

cinematic orchestra live

El día de hoy aprendí una tontería nueva, bueno quizá todos los días aprenda una o dos, pero la de hoy es memorable. Al ver la televisión me enteré de la existencia del twerking. Para todos aquellos que no están familiarizados con este tema se trata de una disciplina femenil consistente en mover las caderas de forma provocativa mientras se está en cuclillas. Es a todas luces un ejercicio intenso que requiere de buena condición física, mucho ritmo y un cuerpo atlético; o no tanto ya que al parecer este requisito no es indispensable.

Desde las culturas antiguas la danza ha sido considerada como una de las bellas artes, pero creo que ni los griegos con toda su sabiduría pudieron vislumbrar algo parecido a este baile. No me escandalizo -no señor-, pues a todos aquéllos que me conocen les consta que no estoy peleado con la noción de un grupo de señoritas meneando el trasero, lo que pasa es que considero esta manifestación artística una señal palpable de decadencia dentro de la cultura popular actual.

Al parecer todos sabían de su existencia menos yo, pues después de hacer mis pesquisas me enteré de que no es algo nuevo, lo cual me lleva a pensar que soy un ermitaño, pues a pesar de creerme conocedor de movimientos vanguardistas en el fondo cuando prendo la tele me sorprenden las cosas que pasan en ella.

Pero cambiemos de tema, en esta ocasión quiero hablar acerca de The Cinematic Orchestra, un conjunto británico cuyo estilo predominantemente electrónico juguetea con el jazz; dentro de su música destaca la improvisación con elementos modernos tales como el sampleo, la presencia de un DJ en el escenario y en sus grabaciones una ecléctica combinación de instrumentos que hacen difícil su clasificación dentro de un solo género musical.

Después de tres exitosos álbumes en estudio y tras una intensa gira, el conjunto buscaba la oportunidad de añadir un conjunto de músicos convencionales al set que venían interpretando. El día llegó el 2 de noviembre de 2007 cuando surge la oportunidad de presentarse en el Royal Albert Hall acompañados por una orquesta de 24 integrantes. Esa misma noche el foro estuvo a tope y el espectáculo -como se desprende de la presente placa- fue digno de la audiencia más exigente.

En escena figuraron las voces de Heidi Vogel, Lou Rhodes y Grey Reverend, en lo que fue sin duda una velada mágica para todos los asistentes. Durante el concierto se interpretó material de los álbumes Every Day (2002) y Ma Fleur (2007), siendo The Man With A Movie Camera el momento inolvidable de la noche. Esta última pieza fue compuesta para un documental mudo del mismo título dirigido por el ucraniano Dziga Vertov en 1929.

Generalmente no escribo acerca de discos en vivo, pero después de darle dos o tres vueltas a éste no pude resistirme. Se trata de un trabajo impecable, equilibrado y elegante. La voz de Heidi suena a jazz, quizá también a blues y en mi opinión es ella quien se lleva las palmas. La orquesta participa suave e intensa dependiendo del momento, desde unas discretas cuerdas hasta una obvia combinación de elementos orquestales a todo vapor. Es un trabajo redondo y bien logrado, recomendable para todos aquéllos que aman la mezcla de géneros en principio irreconciliables.

Este trabajo suena mucho a jazz, electrónica y a la más exquisita mezcla de talentos imaginable. El teclado y las voces son únicos. Su contenido es tan bueno que aun tratándose de una presentación en vivo yo podría sugerirlo como la introducción ideal a la discografía de la banda. No hay desperdicio, dale una oportunidad y dime si concuerdas conmigo.

Algunos se preguntarán acerca de lo extraño del tema introductorio, pero la idea era contrastar dos muestras de creatividad humana diametralmente opuestas. Al final, todo es parte de lo mismo y este disco bien podría ser considerado como una especie de twerking para el espíritu. ¿Sientes cómo se menea el alma?

Recomendable al 92%.

Cybotron – Sunday Night At The Total Theatre (1976)

Cybotron - Sunday Night at the Total Theatre Front

Anoche cerré los ojos con los audífonos puestos. Me estiré en la cama entre  sábanas de algodón, luces apagadas y cortinas bloqueando la luz exterior. La idea era relajarse en un ritual previo a las ocho horas de sueño que tenía contempladas. Una selección musical apropiada muchas veces facilita la entrada a esa dimensión humana tan llena de deseos reprimidos y arrastrarnos a ese estado que con frecuencia no nos quiere soltar por las mañanas.

De entrada no pude dormir, al menos no inmediatamente, pues fui sorprendido por un complejo tejido musical. Vivos colores e increíbles texturas. Lo que empezó como una suave melodía ambiental tornó en pasajes acelerados, oscuros, también aterradores, pero al final únicos y emocionantes.

No era precisamente el disco indicado para inducir al sueño, sino todo lo contrario, pues gracias a su contenido imaginé un sinfín de cosas que bien podrían haber salido en una peli de ciencia ficción. Dentro de tales ensoñaciones me proyecté en una calle oscura iluminada por la luna, la humanidad había desaparecido por completo y la ciudad parecía abandonada. Pude verme por un instante solo en esta tierra con la certeza de que nunca más vería a otra persona. Mientras flotaba siendo dueño de todas las cosas, era más la curiosidad que el miedo, e incluso cabía la posibilidad de que apareciera un vehículo interestelar a rematar el cuadro.

Dejemos la fantasía para otra ocasión y mejor hablemos de la música que me mantuvo despierto un rato.

Cybotron fue un dúo de músicos australianos en franca experimentación; un proyecto formado hace cuarenta años y que solo llegaría a grabar tres álbumes en estudio. Sus influencias pueden rastrearse en el trabajo de bandas como Tangerine Dream, Ash Ra Tempel, Popol Vuh o Hawkwind, pero imprimiendo a su trabajo un estilo propio para considerarse un punto y aparte respecto de sus modelos a seguir.

Sunday Night Live At The Total Theatre es una grabación en directo hecha en 1976, materializado en aquel tiempo en un tiraje privado muy limitado, cuyas copias en vinil pueden llegar a costarle una pequeña fortuna al ávido coleccionista. La mía es una reedición en disco compacto. La bendita globalización nos permite tener acceso a este tipo de rarezas y emocionarnos como si estuviéramos viviendo estas interpretaciones de primera mano.

La música es una combinación de sintetizadores moog con saxofón, efectos especiales o espaciales -como se quiera ver-, vibraciones electrónicas, la percusión constante salida de un aparato y destaca por su sonido futurista, sinfónico, muy distinto a lo que yo estoy acostumbrado; piezas instrumentales de vanguardia ideales para acompañarnos en un viaje cósmico.

No voy a negar que muchas veces las portadas de los discos llaman mi atención e incluso pueden llegar a ser un factor determinante al momento de elegir entre dos conjuntos que me son desconocidos. Cybotron no sería la excepción. La carátula muestra una fotografía en blanco y negro en la que ambos músicos aparecen entre sus instrumentos de trabajo. Uno de ellos, aparece con una playera del grupo -ambos lucen vestimentas similares- y una capa. La capa es una prenda que yo utilizaría con mucho orgullo. Iría a todas partes luciéndola con gallardía, en la escuela, restaurantes, eventos sociales y por qué no, para andar en casa, recibir a las visitas o llevar a cabo labores domésticas. Lamentablemente, pronto me tildarían de loco y quizá uno de los vecinos se sienta obligado a llamar a un psiquiátrico para que me encierren una temporada.

Los invito a todos ustedes a dar una oportunidad a un conjunto desconocido y emprender junto conmigo un viaje sin salir a ninguna parte. Descubrir la obra de unos pioneros prestos a colonizar un planeta desierto. Puedo adelantarles que no escucharán esto en la radio, tampoco verán artículos promocionales y la probabilidad de que regrese el uso de la capa estará supeditado únicamente a los disfraces y a la animación de fiestas infantiles.

Toma mi mano, caminemos juntos hacia el haz de luz, en una de esas podrías llevarte una sorpresa que te cambiará para siempre, imposible saberlo.

Recomendable al 85%.

P.D. “Ride to Infinity” aparece como bonus track en el disco compacto.

Tedeschi Trucks Band – Everybody’s Talkin’ (2012)

tedeschi trucks band live
Cuando era un niño, antes de que me salieran los cuernos y le aullara a la luna, empecé a coleccionar discos y tenía la manía de negarme sistemáticamente a las grabaciones en vivo. Pensaba en una pobre calidad de audio, sonido apagado y versiones desafortunadas de mis canciones preferidas capturadas en el estudio. Era aquella una época en la que tenía que escoger cuidadosamente mis adquisiciones, ya que no tenía los recursos económicos ni el acceso propio de las nuevas tecnologías. Un domingo tenía que ser gastado tras una profunda deliberación conmigo mismo y un error podía derivar en un ejemplar acumulando polvo en una repisa.

Debo confesarles que hasta el día de hoy no tenía la intención de escribir acerca de este tipo de álbumes, pero a la primera escucha del presente testimonio he quedado prendado del trabajo de este fantástico grupo de músicos.

Tedeschi Trucks Band es formado por el matrimonio de Susan Tedeschi y Derek Trucks -éste último integrante en su momento de los legendarios Allman Brothers-, una unión resultante en una mancuerna de talentos extraordinaria, casi divina. Sentimiento y técnica en una amalgama poco común, en la que la voz de ella recuerda a las de la míticas sirenas y la guitarra de él podría acompañar los cantos de los más augustos trovadores imaginables.

Este álbum doble en vivo nos presenta un acoplado de estilos diversos, desde blues y rock hasta un góspel sublime, además de un guiño lleno de coquetería a los géneros folk y country. R&B para los tiempos modernos. Una cuidadosa selección de canciones provenientes de su debut Revelator, así como un puñado de covers ejecutados con una maestría digna de los más virtuosos exponentes de la música actual.

Acompañando a nuestra pareja protagonista subyace un grupo de músicos experimentados, aliento, cuerdas, percusiones y un piano siempre presente en todo momento. Un conjunto todopoderoso capaz de robarle el aliento a un público cada vez más exigente, ejecutantes anónimos, artífices de una obra susceptible de admiración y del más absoluto reconocimiento. En pocas palabras, podemos esperar una ovación de pie por parte de los aficionados, así como a los expertos empujados a quitarse el sombrero de manera solemne.

Cabe resaltar que largas improvisaciones dominan la grabación en un estilo similar al de los Grateful Dead, los solos instrumentales aparecen intermitentemente dejando muda a la audiencia, cuya presencia -siempre discreta- solo se hace notar entre en los breves espacios que separan las canciones. Nada suena fuera de lugar. Ningún instrumento ahoga a los demás. Un desempeño prodigioso por parte del ingeniero de sonido. Si tu tienes ideas similares a las mías como cuando yo era un niño, ¡no temas!, el contenido de este disco doble superará tus expectativas como lo hizo con las mías.

No debe sorprendernos la memorable ejecución de la banda, pues para el momento en que esta presentación fue grabada, ya habían sido galardonados con un Grammy anteriormente. Muchos podrán afirmar que dicho premio responde a ventas elevadas y en ninguna forma es un reflejo de los sucesos reales dentro de la escena musical, es a ustedes a quienes invito cordialmente a darles una oportunidad, no se arrepentirán. Quizá sea un reconocimiento vacío, pero en este caso me pongo a dudar, pues te deja sin palabras y al mismo tiempo representa un éxito comercial. El dinero y el talento no se excluyen por necesidad el uno al otro.

Tedeschi Trucks Band es el tipo de banda que no pinta para venir este año a nuestro país, ni el que le sigue. ¿Muy norteamericano para tus gustos?, universal para el oído en busca de una emoción nueva, fresca y apabullante.

Recomendable al 90%.