B.B. King (1925-2015)

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El día catorce del presente mes falleció una de las más importantes figuras en la historia de la música contemporánea: B.B. King.

King fue un músico de blues cuyo trabajo trascendió diversos géneros -blues eléctrico, rock blues y R&B, entre otros- e influenció a artistas importantes como Eric Clapton, Dr. John, Joe Bonamassa, John McLaughlin, Robert Cray, por mencionar algunos. En vida disfrutó de reconocimiento, admiración y era considerado uno de los más grandes guitarristas -si no el mejor- del siglo XX.

Músico prolífico, maestro de vida y filántropo, su carrera abarcó seis décadas. Se dice que a sus setenta años de edad todavía ofrecía alrededor de 300 conciertos al año. Todo un ejemplo de trabajo, esfuerzo, dedicación y amor a su profesión. En mi opinión figura a seguir independientemente de lo que se haga en esta vida, ya sea ingeniería industrial, derecho, contabilidad, matemáticas o poesía. Si se ama lo que se hace y se trabaja todos los días el éxito puede llegar cuando uno menos se lo espere.

Me dio mucha tristeza enterarme de su partida, pero estoy seguro de que ya necesitaba descansar. Quizá su cuerpo ya no esté entre nosotros, pero su espíritu permanece en sus grabaciones y en el oficio de sus discípulos. Cada vez que escuchemos un solo de guitarra debemos tener la certeza de que estamos escuchando un pedacito de B.B. King.

El rey ha muerto, larga vida al rey.

Descanse en paz.

P.D. El pensar que Lucille -su guitarra- no volverá a ser tocada por el maestro me conmueve y me lleva al borde de las lágrimas.

Robben Ford – Into The Sun (2015)

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Después de unas muy merecidas vacaciones llegó el momento de regresar a la realidad. Siempre dudo acerca de mis méritos para obtener un descanso, pero a nadie le caen mal unos cuantos días para distraerse de la ciudad, su ritmo y las ocupaciones diarias. Hasta hoy sigo esperando con ilusión el próximo día de asueto, ya sea religioso o patriótico, especialmente cuando entraña la promesa de pasar tiempo con nuestras personas favoritas y sobretodo un cambio de locación.

Desde que tengo uso de memoria mi cuerpo funciona igual. Si tengo la posibilidad de despertar tarde, mi cuerpo empieza el día a la hora habitual tipo las 6.30 de la mañana y me veo impelido por una fuerza irresistible a saltar impulsado por un resorte invisible. En cambio si necesito madrugar la cama me atrapa irremediablemente, siento la necesidad de postergar el despertador en periodos de diez en diez minutos, correr el riesgo de no llegar a mis compromisos y quizá ganarme fama de holgazán.

Una vez más me estoy desviando del tema fundamental que aquí nos ocupa, la música; ese bálsamo espiritual tan importante como la primera taza de café y el amanecer.

Pasando el rato en una tienda discos me topé con el nuevo álbum de Robben Ford, guitarrista de blues cuyo oficio podría ser digno tributo para los dioses, una pieza memorable e imperdible para los amantes de la música salida del corazón o más bien de las entrañas.

Hablemos un poco acerca de Ford, pues estoy seguro que muchos de ustedes no lo conocen y es injusto no conocer a un gigante de sus dimensiones. Nuestro héroe colabora en sus primeros años con bluseros de la talla de Charlie Musselwhite y Jimmy Witherspoon. Participa brevemente con Miles Davis durante los ochenta desarrollando un estilo particular al fusionar blues con jazz. Trabaja como músico de sesión, sale de gira con George Harrison e incluso entra al estudio con KISS -sin aparecer en los créditos- para grabar algunos temas de su álbum Creatures Of The Night en 1982. Ha sido nominado en varias ocasiones a los premios Grammy y etiquetado como uno de los 100 más grandes guitarristas del siglo XX por revistas especializadas, lo cual a mi gusto son unas credenciales impresionantes.

Into The Sun lleva por título esta nueva placa cuyo contenido oscila entre el blues y el rock, cuenta además con la participación de invitados como Warren Haynes -guitarrista de los Allman Brothers y Gov’t Mule-, Sonny Landreth, Keb’ Mo’ y Robert Randolph, entre otros. A diferencia de su predecesor A Day In Nashville tendiente al jazz, en esta ocasión se acerca al rock facilitando el acceso a un público más amplio. Un buen punto para iniciarse en la carrera de Ford.

La calidad de la grabación es la esperada en 2015, nada sobra ni está fuera de lugar, todos los elementos presentes se escuchan con una claridad extraordinaria; piano, guitarras, batería, la intervención de coristas y esa mezcla de voces entre los participantes en una amalgama fuera de este mundo. Un disco cargado de energía, emoción, pasajes inolvidables y esa sensación única transmitida cuando un grupo trabaja con pasión en lo que más les gusta. Al momento de escribir esta reseña he dado al menos cuatro vueltas a los once temas, descubierto detalles nuevos, no me he cansado y a decir verdad no creo cansarme pronto.

Música genial para la temporada de calor -primavera y verano- que ya nos va dando una probadita. Imaginemos blues que ha pasado los fríos en el gimnasio -haciendo lagartijas y abdominales- para salir a la playa en bikini, robar miradas y llevarse nuestro aliento. Se escucha un silbido propio de un albañil y nos sorprendemos al descubrir que hemos sido nosotros mismos quienes emitimos esa vulgar muestra de admiración. Así de bueno es este álbum.

Recomendable al 89%.

Grateful Dead – American Beauty (1970)

GD - American Beauty

Platicaba con mi madre acerca de toda clase de cosas cuando seria me dijo”¿cómo es que no has escrito sobre mi banda preferida?”, a lo que yo respondí con otra pregunta “¿de quienes estás hablando?”. La respuesta me sorprendió sobremanera, “ay mijito, de los Grateful Dead”. No esperaba esa respuesta -yo creía conocerla-, entonces tosí con violencia el pedazo de muégano que compartíamos.

Me pareció algo muy raro porque nadie que la conozca podría afirmar su fanatismo por el conjunto en cuestión. Tuve que preguntarle muchas cosas y las respuestas me dejaron sin palabras. Ella me contó que a finales de los sesenta había vivido en una comuna hippie en los Estados Unidos. Siguiendo esa misma línea de pensamiento con soltura relató un supuesto encuentro que tuvo con Jerry Garcia alrededor del fuego en las praderas de Wyoming. ¡Válgame Dios!

Las dudas empezaron a agolparse en mi mente. Atando cabos llegué a algunas conclusiones. Siempre quise saber por qué mi segundo nombre es “viento”, ahora me lo explico. Inmediatamente le pregunté si Jerry Garcia era mi padre a lo que me respondió cariñosamente “no seas tontito, tu papá es tu papá… si fueras hijo de Jerry ya hubiéramos visto el modo de aislar tu ADN y tratar de replicar al genio”. Me quedé helado y a mí regresaron recuerdos aparentemente olvidados. “Con razón el olor a pachuli cuando me abrazaba”, pensé para mis adentros.

Confesó haber fumado marihuana con asiduidad y experimentado viajes con alucinógenos, describiendo a grandes rasgos una vida desenfrenada de juventud. Hizo mucho hincapié en que nada de esto afecta el amor que siente por mí. Menos mal, ya me estaba preocupando. Acto seguido me habló de las dulzuras del amor libre, la libertad individual por encima de los valores de la colectividad y la armonía con la naturaleza. No podía respirar, estaba al borde del desmayo, cuando le pedí que me pellizcara para cerciorarme si estaba soñando, soltó una carcajada.

A la luz de todas estas revelaciones, quise saber qué álbum preferiría en mis reseñas. “American Beauty”, repuso con una amplia sonrisa y el reflejo del sol en sus ojos. ¡Qué pregunta la mía! -debí imaginármelo-, si se trata de un clásico indiscutible, celebrado por la crítica y aplaudido por los fanáticos. La quintesencia del espíritu americano.

Ahora bien, AB es el sexto álbum de este conjunto californiano. Retoma las ideas plasmadas en su predecesor, el mítico Workingman’s Dead, con una mezcla de bluegrass, folk, rock and roll y sobretodo mucho country. Un trabajo equilibrado, rebosante de armonías vocales suaves y un tratamiento instrumental refinado. Se dice que durante ese año era imposible no escucharlo, pues algunos cortes tuvieron promoción en las estaciones de radio de su país.

En esta ocasión, las letras son de Robert Hunter, afamado poeta, compositor, traductor y letrista, discípulo y colaborador de Bob Dylan. Su autoría puede encontrarse en algunas de las canciones más representativas de la banda. Dada la importancia del legado de los Grateful Dead podemos afirmar sin temor a equivocarnos que se trata de un pedazo importante de la cultura popular americana comparable al pastel de manzana, al béisbol, a la Coca Cola o las hamburguesas con queso.

Durante el periodo de grabación diversas personalidades iban y venían dentro del estudio. Integrantes de Jefferson Airplane, así como David Crosby, Neil Young, Graham Nash e incluso Carlos Santana improvisaron con los Dead, influenciando de una u otra manera el momento que fuera capturado para la posteridad. Este escenario por sí mismo podría constituir la fantasía más húmeda de los amantes del rock de la Costa Oeste y un pasaje histórico digno de recordarse.

En definitiva este disco es el medio ideal para aproximarse a la banda. Accesible, pegajoso, inolvidable. La mandolina es un gran detalle. Resulta natural tararear. Una vez que deja de sonar permanece en la memoria durante mucho tiempo. Me acompaña y en ocasiones regreso a él. Por favor, no le digan a mi madre porque si se entera me voy a hacer acreedor a un “te lo dije”.

Recomendable al 90%.

P.D. Mi mamá cariñosamente me aclaró que no se les llama fanáticos a los seguidores de GD. Se les llama Dead Heads. Por un segundo largo me sentí un completo ignorante.

Blitzen Trapper – American Goldwing (2011)

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El otro día vagaba despreocupadamente por mi tienda de discos local y me topé con este álbum, para mi sorpresa estaba rebajado a una cantidad ridícula, eso sí estaba maltratado por el paso del tiempo. Era obvio, por su estado de conservación que le habían cambiado la etiqueta del precio en varias ocasiones, lo habían manoseado hasta el cansancio y lo habían abierto de manera grosera para insertarle un dispositivo de seguridad. En pocas palabras, lo encontré casi abandonado como a la tía solterona que por ser incómoda ya no invitan a las fiestas.

Al insertarlo en el reproductor me encontré con algo sumamente familiar, esa sensación de haberme reencontrado con algo que tenía olvidado. Después de varias vueltas llegué a una conclusión, la música contenida puede ser como ese par de zapatos que te gustan mucho y por ende, usas todos los días. Entre más lo escuchas, más te gusta, hasta llegar al punto de convertirlo en ese par de babuchas que no te quieres quitar ni para ir a trabajar. Por eso, encontrarlo en tan deplorable estado me ofende, pues eso no debería pasarle nunca a nuestras cosas favoritas. Muchas de las grandes obras y sus creadores no reciben el reconocimiento que merecen hasta mucho tiempo después. De unos se reían mientras otros pasaban desapercibidos.

Blitzen Trapper proviene de Portland, Estado de Oregon; American Goldwing es su séptimo álbum y su talento nos golpea en la cara como la certeza derivada de una epifanía. De eso se trata. Emociones transmitidas con maestría, momentos que una vez interiorizados pasan a formar parte de nosotros mismos. Inspiración divina que se manifiesta en sueños o cuando uno menos se lo espera. Contiene una combinación de estilos que de tan pegajosa podría ser la envidia en el laboratorio de una fábrica de adherentes.

El primer corte nos lleva a evocar a Rush en su álbum debut, un número roquero de sabor setentero aderezado con unas gotas de nostalgia, un cóctel fresco para el oído, paladeable y sabroso. El resto del disco trae momentos que se balancean del country alternativo al rock, del folk al indie, con una clara reminiscencia en algunos pasajes al sonido de Bob Dylan. En su totalidad resulta la quintaesencia de la americana -ese género fantástico-, manifestación de una tradición que traída a nuestros días mantiene viva la llama de la tradicional fogata en las amplias llanuras del norte del continente. Violines, armónica, voz ligeramente nasal, imaginen pasar de momentos agitados a la calma justo antes de la tormenta y con las primeras gotas corremos a guarecernos de los elementos a una cueva cercana. Desde la entrada miramos las estrellas.

Ideal para manejar despreocupadamente con las ventanillas abajo, el estéreo a todo volumen llamando la atención de los otros automovilistas, causando envidia porque te ves feliz y sabes que lo eres cuando esa linda chica del descapotable te regala una sonrisa llena de complicidad. Si me acusan de ser un optimista incorregible me declaro culpable. Estar vivo es maravilloso.

Ahora bien, si te encuentras con esta pieza no la dejes ir, sobretodo cuando pagas por ella $49.00 pesos. Dicen que las mejores cosas de esta vida son gratuitas y para los costos de la música hoy en día, ese precio es lo más cercano a regalado que podrás encontrarte -al menos en esas grandes cadenas comerciales-. No te dejes engañar por el aspecto físico de este trabajo si lo encuentras bajo las mismas circunstancias en que yo lo hice, vale mucho la pena.

Recomendable al 89%.

P.D. Espero hacerle un poco de justicia a esta delicia.