Siouxsie and the Banshees – The Scream (1978)

1978-the-scream-01

Mi primer contacto con Siouxsie fue a través de un videocasete Beta adquirido en el tianguis del Chopo. La filmación mostraba diversos grupos punk debutando en el legendario 100 Club de Oxford Street, corría el año 1976. Al observar la estética de aquellos músicos quedé fascinado: uñas pintadas de negro, alfileres de seguridad en la ropa, cabello de colores parado en punta, y sobre todo, esa actitud irreverente. Yo quería eso para mí, rebeldía y decadencia, así que añadí algunos elementos a mi propia imagen, era 1988.

Siouxsie tenía diecinueve años durante aquel festival a mediados de los años setenta. Era una jovencita oscura, maquillada en exceso, cuya voz inolvidable y presencia escénica hicieron que yo quedara automáticamente prendado de ella. Me convertí en un fanático incondicional. Con el fruto de mis domingos, chantajes a mis padres, súplicas a mi abuela fui comprando cada uno de sus discos: caros, importados, inaccesibles. Cabe mencionar que en ese tiempo no había internet y no teníamos el acceso a las cosas que tenemos actualmente, todo era más simple, más mágico, qué se yo.

El 19 de mayo de 1995 vino a México, tocó en el Auditorio Nacional y yo estuve ahí. El foro estuvo medio lleno, el conjunto promocionaba su álbum The Rapture, en mi opinión un trabajo flojo, poco innovador y muy apegado a las tendencias pop de los años noventa; nada de esto importó pues era para mí representaba un sueño cumplido. Yo tenía diecinueve años y Siouxsie treinta y ocho. Ella no era como la recordaba, o más bien como la había idealizado, ante mis ojos rebosantes de juventud la otrora sílfide había tornado en venerable matrona; tonterías de chiquillos, la mera verdad, y es que ese rasgo tan mío consistente en conceder a las mujeres propiedades fantásticas tales como infinita perfección, aptitudes para volar, hechicería, belleza sobrenatural, entre otras, constituye material de psicoanálisis y no ropa sucia para ventilar en público.

Sin más preámbulo les presento la reseña de uno de mis discos predilectos.

EL GRITO

Siouxsie and the Banshees fue una banda de rock británica, perteneciente al movimiento denominado post-punk, formada en el año de 1976. A pesar de ser contemporánea a los Sex Pistols y a The Clash, su estilo fue evolucionando de manera distinta al incorporar una estética más oscura y un sonido más cercano al rock alternativo a través de ritmos arriesgados y experimentación.

The Scream (El Grito) es el álbum debut de la banda, fue lanzado en noviembre de 1978, siendo bien recibido por la crítica y alcanzando el éxito comercial al obtener la posición número 12 en la lista de álbumes del Reino Unido; algo impensable según la filosofía propia del movimiento punk de aquellos años, pues incorporarse al sistema era una contradicción y un sacrilegio para los jóvenes de clase trabajadora; no había oportunidades ni un futuro esperanzador.

El lado A abre con “Pure”, un tema lento, algo tétrico, con una guitarra distorsionada, escasa percusión y los gritos de Siouxsie al fondo. Imaginemos la subida a las alturas en una montaña rusa antes de la primera caída: expectación, nudo en el estómago, ansiedad, la promesa cabal de que lo mejor está por venir. Continúa con “Jigsaw Feeling”, un tema vigoroso cuya letra trata de confusión y desconcierto, uno de mis preferidos. A lo largo del álbum los tópicos de las canciones varía, “Overground” habla acerca de la búsqueda de identidad, mientras “Carcass”, el único tema punk per se, aborda los derechos de los animales. El primer lado cierra con “Helter Skelter”, cover de los Beatles, una buena versión a pesar de ser el momento más flojo del disco.

El lado B abre con “Mirage”, un tema movido que deja al escucha, dada su brevedad, con ganas de más. Seguimos con “Metal Postcard (Mittageisen)”, una canción a ritmo pausado cuya letra habla de lo mecánico de la existencia misma y suena como la maquinaria de un reloj en funcionamiento. “Nicotine Stain” trata acerca del tabaquismo mientras “Suburban Relapse”, inspirada en la obra de J.G. Ballard, nos habla de perder la cordura dentro de la tranquilidad reinante en la zona residencial, no olvidando mencionar que las guitarras emulan los violines de la famosa escena de la regadera del filme Psicosis de Alfred Hitchcock. El álbum cierra con “Switch”, dividida en tres secciones en las que se plantean tres personajes, un científico, un médico y un sacerdote que intercambian trabajos con funestos resultados.

Es un trabajo fresco y atemporal de una banda que, similar al escritor inexperto, va buscando su estilo a base de ensayo y error. Se manifiesta como evidente el apetito por trascender, la originalidad, el talento, y el resultado está destinado a resistir la prueba del tiempo. No por nada Siouxsie and the Banshees influenciaron a un sinnúmero de artistas independientemente del género.

P.D. Les iba a dejar el audio de aquella legendaria presentación pero se escucha terrible. En su lugar les dejo “Carcass”.

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