Anacoreta

El pasado jueves fue mi graduación de la escuela de escritores. Nosotros, a diferencia de otras generaciones, decidimos leer mini-ficciones a modo de despedida. Comienza un nuevo capítulo de mi vida. Pero he de recuperar este espacio que ha ido cambiando, de las reseñas musicales a los cuentos, junto conmigo.

Este es el texto que presenté:

El ermitaño vivía aislado sin necesitar nada de nadie. Tenía una pequeña biblioteca caldeada al calor de la chimenea, su colección de discos, la frugalidad de su propio huerto y sus recuerdos. Aquellos viejos y empolvados recuerdos. Pero en ocasiones se sentía terriblemente vacío, su voz enronquecía de no pronunciar palabra, y sus ojos, habituados a la oscuridad, derramaban lágrimas al escuchar un viejo 7” de Nina Simone. Wild is the wind, susurraba la diva a su oído.

La balada ya no sonaba igual y es que Nina le insistía que regresara a la civilización o que al menos escribiera; mas el anacoreta temía a las personas. Ante tanta insistencia tomó hojas y pluma, entonces escribió, y para su sorpresa, las palabras se fueron materializando: serpientes, hechiceros, objetos inanimados con cualidades humanas, historias de amor, un salón de clases lleno de colegas. Nunca más volví a sentirme solo.

P.D. Aquí les dejo el audio de Wild is the wind.

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