The Creatures – Boomerang (1989)

creatures - boomerang

Después de un largo día tengo la costumbre de quitarme los zapatos, echarme en el sofá de la sala y poner el ipod a tocar en orden aleatorio. No todo es romanticismo, no siempre estoy con ánimos de poner un disco en la tornamesa, darle la vuelta al terminar el lado A, poner el lado B, terminar, guardarlo en su funda y seleccionar lo que sigue; es entonces cuando la comodidad del mp3 se vuelve indiscutible.

De entre las 6772 canciones que tiene mi ipod -mis 6772 preferidas, por cierto- la selección automática puso un corte de The Creatures, proveniente de un álbum que tiene mucho significado para mí. Generalmente reseño descubrimientos recientes, maravillosos sin duda, pero muchas veces carentes de un vínculo emocional profundo conmigo mismo. Anoche tuve una súbita revelación: escribir sobre uno de los discos que han marcado mi vida y ver qué tan objetivo puedo ser al hacerlo.

En 1989 yo tenía catorce años de edad. El disco compacto estaba cobrando fuerza y las ediciones importadas eran algo prohibitivo. Mi madre me dijo cuando me compró mi primer cd que lo disfrutara mucho porque eran muy caros y no volvería a comprarme otro. Esa fue una promesa que por fortuna no pudo cumplir, pero esa es otra historia. Ahora bien, este disco llegó a mis manos porque mi abuelita me lo regaló -contraviniendo las instrucciones maternas- sin saber que éste me acompañaría hasta el día de hoy veintitantos años después.

Lo recuerdo bien, lo compramos en una tienda de la extinta cadena Zorba, específicamente en la sucursal de la Zona Rosa. Estaba en exhibición en una vitrina y le pedí que me lo mostraran. En ese tiempo los dependientes me miraban con cierto desdén, pues era un niño preguntón acompañado de una mujer mayor. Me fascinaban los escaparates de las tiendas de discos y hasta la fecha me siguen gustando. Siento que los discos me hablan a través de sus portadas -llévame a mí, no, a mí- y en este dialogo imaginario yo les respondo que lo siento mucho, pero no puedo llevármelos a todos. Quien lea estas líneas puede pensar no solo que estoy completamente loco sino que además soy un consumista irredento; puede que lo sea, no voy a discutir este punto.

En ese año el tema “Pluto Drive” sonaba incansable en la también extinta estación de radio Rock 101. En más de una ocasión me despertó esta canción, ya que en ese entonces yo tenía un reloj despertador que podías programar para que te despertara con la radio en lugar de un pitido nefasto. Además tenía la costumbre de poner la música a todo volumen en lo que me arreglaba, lo que en su momento fue una inagotable fuente de roces con mi madre. Adolescencia es una enfermedad que se quita con el tiempo, aunque algunos de nosotros nos estacionamos indefinidamente en esa etapa.

Anoche sonó “Pity”, otro de los cortes del álbum, provocándome una sensación agridulce, de profunda nostalgia y me puso a pensar en muchas cosas. Pensé en mi vida, pensé en mi abuela, pensé en mis amigos y en todo ese tiempo que jamás regresará. Me encanta, de eso se trata estar vivo, recordar el pasado y generar nuevos recuerdos. Estar agradecido al abrir los ojos un día más.

Muchos de ustedes se preguntarán: ¿y a qué hora empieza la reseña?, ahí voy, ahí voy. The Creatures es una banda británica, proyecto de Siouxsie y Budgie, ambos integrantes de la mítica Siouxsie and the Banshees. Una agrupación que deja de lado el punk de años anteriores para decantarse por un sonido más elaborado, experimental hasta cierto punto, en donde predominan el uso de instrumentos inusuales y una producción impecable.

Boomerang es el segundo álbum resultado de este proyecto y con toda probabilidad su trabajo mejor logrado no solo en términos de experimentación sino de composición. Una joya del post punk con elementos de la electrónica sin llegar a exagerar. Destaca el uso de percusiones exóticas, marimba, acordeón, armónica, instrumentos de viento en general y la voz de Siouxsie. Dentro de los dieciséis temas que conforman el disco, podemos encontrarnos con música de cabaret, pasajes con sabor latino, cadencias orientales y letras crípticas. Una obra de arte posmoderna, actual, vigente y atemporal; un buen punto de partida para todo aquel que quiera probar algo fresco e imperecedero.

Los invito a darle una oportunidad a un clásico cuyo destino solo puede ser sobrevivir el paso de los años. Si lo conoces, seguro coincides conmigo, si no lo conoces, no sabes de lo que te has perdido. Un trabajo tan inspirado no debe ser ignorado. Nunca es tarde, dale una oportunidad y te aseguro que no te arrepentirás.

Recomendable al 90%.

P.D. Si le pongo menos de nueve creo que no le hago justicia, si le pongo 10 pareceré un fanático exacerbado. Lo que si puedo decirte es que suena mucho mejor que la descripción hecha en esta reseña.

Martin Carthy – Martin Carthy (1965)

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En mi calle hay una escuela primaria. Todos los lunes -así como el resto de la semana- hay honores a la bandera, ensayos para festivales y demás actividades que involucran gritos y porras. Muchos gritos, muchas porras y casi lo olvido, mucho canto; tristemente se ha vuelto notoria la falta de instrucción formal, ya que ahora cantan desordenadamente al son de una grabadora. Me ha dado por pensar que ya no tienen maestro de música y como podrán imaginarse: les urge. El volumen amenaza con llevar al límite las bocinas de la escuela mientras el feedback y la distorsión atentan contra la paciencia de todo aquel que se encuentre en las cercanías. Algunos de nosotros estamos a merced de la infancia, los onomásticos y el escándalo sinsentido.

El día de hoy la sorpresa fue escuchar una balada de la trova cubana clásica acompañada con una serie de gritos desacompasados que llevan a pensar más en un criadero de perros chihuahua que en una escuela primaria. ¿Estarían planeando la revolución?, ¿el homenaje de este lunes sería para honrar la memoria de los mártires latinoamericanos?, lo dudo mucho, pues los ideales se han diluido para escurrirse por la alcantarilla de la mediocridad y el conformismo. Además hoy se canta sin interiorizar el contenido de las letras y si nos ponemos estrictos hay mucho con lo que de ninguna manera querríamos que nos identificaran, particularmente en los géneros populares.

Dejando atrás estas reflexiones quiero hablarles de uno de mis más recientes descubrimientos -la verdad es que me lo recomendaron-: Martin Carthy , cantautor que rescata la tradición folclórica de las Islas Británicas; un artista con una prolífica carrera, más de diez álbumes en su haber y que no ha dejado de componer hasta nuestros días. En pocas palabras un hombre que sostiene con orgullo la antorcha de sus antepasados y carga sobre sus hombros el peso de mantener vigente la música de su tierra.

Este es su álbum debut, una colección de canciones tradicionales digna del conocedor más estricto. Guitarra, violín, mandolina y la voz de Carthy, clara como la luz del sol en un día despejado. Su dicción es excelente, las letras se entienden sin necesidad de recurrir al librito que acompaña al disco o a una página de internet. Imaginemos unas grandiosas lecciones de inglés a cargo de Martin: maestro, trovador a la vieja usanza, talento lírico y vocero del corazón.

No quiero pasar por alto la participación de Dave Swarbrick -mandolina y violín- en algunos de los cortes. Su nombre no aparece junto al de Martin en este álbum por los compromisos contractuales -al ser integrante del Ian Campbell Folk Group- y si participó fue con la autorización expresa de Transatlantic Records. Una de las canciones contenidas es una versión fantástica de Scarborough Fair, balada tradicional que fuera popularizada por Simon & Garfunkel -copiada en estilo a la de Carthy- y que en mi opinión es superior a la versión de éstos últimos.

A pesar de que Carthy es un artista contemporáneo su trabajo ha inspirado a artistas como Bob Dylan, el propio Paul Simon, Richard Thompson y Fairport Convention, por nombrar a algunos ya que esta lista se antoja interminable. Asimismo, Martin ha participado en otras agrupaciones como Steeleye Span, los Watersons y Brass Monkey, entre muchos otros.

Ustedes seguramente se preguntarán qué deben esperar de este álbum. La respuesta es sencilla: pueden esperar folk, rima en las letras, instrumentos orgánicos y una ejecución impecable. No hay una producción complicada ni trucos de estudio. Solo deliciosa música medieval capaz de hacernos evocar una escena propia de una feria campestre, tiempos más simples en los que la idea de electricidad, radio y televisión bien podría ser producto del trabajo de un escritor o del oficio de un alquimista. Una época en la que si cantabas mal, pues cantabas mal y no había nada que pudieras hacer.

Una auténtica joya lista para ser descubierta por aquellos con ganas de escuchar algo distinto. La deliciosa recompensa para el oído paciente. Bienvenidos a un viaje al pasado en cuarenta minutos. Memorable.

Recomendable al 89%.

Carmen Maki – Adam And Eve (1969)

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Regreso al blog para encontrarlo como uno de esos departamentos que llevan mucho tiempo abandonados. Huele a cerrado y a ropa sucia. Sobre la mesa del comedor hay algunos platos con restos de comida; las hormigas recorren la cocina a sus anchas. Ambiente agrio, mal ventilado, las plantas se están muriendo y hay algo que huele mal en el refrigerador; a veces suceden estas cosas cuando uno tiene que salir intempestivamente y no se sabe cuándo se va a regresar.

Ha llegado el momento de ventilar, dejar que entre la luz del sol, lavar los trastes, tirar la comida podrida y regar las plantas. Retomar aquello que nos es propio y que representa un placer en nuestras vidas. Estoy de vuelta con la reseña de un álbum cuyo contenido provoca esa sensación de hacer lo que más nos gusta: disfrutar la vida.

De vez en cuando me aburro de la música que tengo en mi colección, busco novedades, algo que permita saciar por un instante esta avidez que me corroe. Lo encontré, otra vez lo encontré y me siento afortunado porque al final siempre lo encuentro. Necesito mi dosis de nuevas composiciones y la necesito ya. Algunos me considerarán un consumista, quizá lo sea, pero coleccionar discos me provoca una emoción indescriptible.

En esta ocasión se trata de Carmen Maki, una cantante hija de padre americano y madre japonesa. Una dulce voz acompañada de orquesta. Carmen canta suavecito; pasa de un susurro no exento de cierto componente erótico a partes habladas en un lenguaje que se antoja poético. Algunos de ustedes han de estar familiarizados con ella por su destacada colaboración con la banda de blues rock psicodélico Blues Creation -una de mis bandas preferidas, por cierto-, activa a finales de los años sesenta y principios de los setenta.

Adam and Eve, es el segundo larga duración de Maki como solista. Cantado en japonés, la falta de comprensión de las letras no demerita en nada el sentimiento que nos transmite: nostalgia y tristeza en un elegante envoltorio. Un disco que oscila entre el jazz y la música de películas, en esa tendencia de finales de los años sesenta en la que prevalecían los arreglos orquestales sobrios exquisitamente acompasados.

Un álbum variado al combinar armonías propias de la música occidental con elementos de la tradición musical japonesa. Por momentos nos hace recordar el estilo de Astrud Gilberto sin que ese parecido tenga algo de deliberado. El arpa, los violines, los coros y demás instrumentos nos logran trasladar a una época en que la música era creada para halagar los sentidos más que para cumplir con requerimientos comerciales; en esto radica su belleza. Estamos frente a una rara mezcla de jazz, gogó, pop extraordinario e incluso bossa nova: un abanico muy amplio ejecutado con maestría y cuyo resultado es en extremo efectivo.

A mí en lo personal me hizo recordar la pista de sonido de las animaciones japonesas de mi infancia, pensé también en las películas del cine noir de la década de los treinta. Tenebroso, nostálgico y lleno de misterio. Sombras en las estrechas paredes de un callejón, el sonido de unos tacones a lo lejos, gabardinas, sombreros ladeados y humo de cigarrillos; ambientes que podrían salir de las novelas de Raymond Chandler o Dashiell Hammett.

Recomendable para todos aquellos amantes de la música con especial predilección por las voces femeninas. Fresco como el día en que fue grabado. Un producto emocionante, atemporal y sobre todo vigente. Agradable para acompañar una tarde de lectura,  amenizar un domingo al amanecer o para disfrutarse en soledad con unos buenos audífonos y las luces apagadas. Una invitación a la reflexión y por qué no, a soñar.

Recomendable al 90%.